Un plebiscito sin protesta social, la apuesta de la casta política y la élite de poder. La revuelta social es la fuente de todo cambio

Centro de Estudios Francisco Bilbao.

Circulan en las redes sociales afiches y banner sin firma, para no marchar, no protestar, no “regalarse a los pacos”, según ellos. Otros dicen no ir a protestas para no perder el carnet o no enfermarse con covid-19. La idea es la tranquilidad, el orden, cuidar la posibilidad del voto con la vida. Es la nefasta apuesta de la “transición a la democracia” que significó el triunfo por tantos años de lo fundado por la dictadura terrorista de Pinochet.

Son los falsos opositores al sistema, los de la ex nueva mayoría y los del frente Amplio, son aquellos que firmaron un pacto sin consultarle a nadie. Ellos quieren que la revuelta termine, son los adoradores del orden que tantos privilegios les ha dado.

Los mismos que por decenas de años hicieron todo para que no cambiara el modelo, ahora intentan ponerse a la cabeza del cambio para que el poder quede en los mismos, en la misma oligarquía, en los mismos grupos económicos, en la misma élite de poder. La única diferencia es que integran a los “niñitos bien del Frente Amplio”.

Pero la fuerza liberadora que despertó el 18 de octubre, más bien que reventó en esa fecha, porque venía acumulándose, no puede y no debe apagarse, porque es la única posibilidad de que exista un cambio significativo en nuestra patria. La revuelta social es la fuente de todo cambio.

Muchos y muchas no participaran en el proceso, porque lo consideran un fraude, un engaño; otros participarán porque piensan que abre una ventana a la esperanza, un camino que todavía no está escrito. Todos y todas son parte de la marea humana, de chilenos y chilenas, que puso el cuerpo en la calle para cambiar Chile.

Ambos sectores del pueblo deben tener claro que sin revuelta social, no hay un proceso constituyente real.

Los del “apruebo popular”, que no es el de Luksic y los empresarios, que no es el de la Nueva Mayoría y el Frente Amplio, ese apruebo de los ciudadanos comunes y corrientes, de los que tiraron piedras en la revuelta tienen que unir su opción de aprobar en las urnas  a la protesta social.

Los que no participaremos de lo diseñado por la casta política, tenemos que seguir llamando a que la revuelta siga y a construir un camino de la constituyente popular para formar la fuerza propia del pueblo. No puede y no debe existir una barrera entre ambos sectores, porqué nos une una idea fuerza común que es sin protesta social en la calle no hay cambio significativo y tenemos que luchar porque debe existir otra idea fuerza común: la construcción de la fuerza propia del pueblo.

¿Porque es tan importante esto?, la razón es simple, es lo que se ha demostrado estos meses, la oligarquía solo entregara sus privilegios, la élite de poder sedera derechos al pueblo, si se ve amenazada, si ve que la gobernanza está en peligro. Es la única forma de que se terminen las AFPS; que exista salud sin lucro y de calidad para todos;  es la única forma de que exista un código laboral, con negociación por rama de la producción, con libertad sindical real y tantas otras cosas;  la revuelta es la forma de asegurar que termine la depredación de la madre tierra; que exista industria nacional y que los recursos naturales estén al servicio de Chile; de que termine instituciones corruptas como Carabineros y se ponga fin a la doctrina de seguridad nacional en las FF.AA. Sin revuelta social no abra soberanía alimenticia y una ciencia propia, sin las protestas no abra justicia social y democracia directa y el término de la corrupción en el Estado; sin protestas social no abra justicia para los mutilados por el Estado y la libertad de los presos políticos.

Votando o no votando tenemos que ensanchar, llevar más allá, el proceso constituyente, hacer líquidas las barreras que nos imponen, el proceso no puede y no debe ser atajado por una camisa de fuerza, hay que romper esa camisa de fuerza, lo que puede permitir eso, es la revuelta social.

El apruebo popular debe poner al centro la derogación de la ley 21.200, los que denunciamos el intento de fraude no participando en él, tenemos que sumar fuerza para la necesaria presión social por una verdadera Asamblea Constituyente.

El futuro está abierto, cambiar las reglas del juego, para que nazca el poder del pueblo, para que nazca la posibilidad de un Chile soberano, para que se abran las puertas a la construcción de una sociedad socialista comunitaria y en futuro la sociedad sin clases sociales.

Ninguna confianza en la casta política, en los mismos de siempre, no aceptar las camisas de fuerzas que nos imponen, no aceptar la desmovilización, el electoralismo de los de siempre, todo está en juego, la revuelta es la clave.

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