POR TERRITORIO Y AUTONOMÍA PARA EL PUEBLO NACIÓN MAPUCHE Prólogo del libro “Chem ka rakiduam”, edición 2022.

En el marco del conflicto histórico entre el Pueblo Nación Mapuche, el capitalismo y un estado de formato colonial, nosotros asumimos como weychan mapuche, que se vienen tiempos duros, grises, confusos, ya nuestras pu Machi lo vienen diciendo. Si bien, el patrón de acumulación capitalista sobre el Wallmapu sigue intacto hace décadas, la lucha mapuche revolucionaria se enfrenta a un nuevo ciclo del poder signado, ahora bien, por una doble condición inédita: por un lado, el agudo despliegue de la maquinaria colonial burguesa sobre los procesos de resistencia Mapuche con el fin de salvaguardar los intereses del gran capital y del empresariado, siendo su principal manifestación el estado de excepción y la consecuente militarización del territorio prologada ya por varios meses. Por otro lado, a contracorriente mediática de lo anterior, la apertura de un contexto marcado por los supuestos avances progresistas que tuvieron su origen en la revuelta popular del 2019, al menos en la realidad chilena.
La primera condición arrastra un antiguo halo de despojo y se inscribe como parte de las estructuras de dominación que han operado en el Wallmapu por alrededor de 500 años. En la historia del pueblo nación Mapuche, esta constante colonial tiene un punto de inflexión durante la segunda mitad del siglo XIX con el impulso de la Ocupación de la Araucanía por parte de la aristocracia criolla, el colonato y las elites del ejército chileno. Lo que por miles de años estuvo en las manos soberanas de nuestro pueblo Nación, en menos de tres décadas fue arrebatado a sangre, pólvora y engaños. Con este proceso se lograron materializar las bases fundamentales para el desarrollo de un tipo de capitalismo ávido de materias primas que aún saquea y despoja el territorio ancestral, así como el sistema reduccional que ubicó al Mapuche en una posición de subordinación y opresión, la cual recién se ha revertido en los últimos 30 años. Los herederos de las viejas clases dominantes aún persisten en el Wallmapu y el Estado de Excepción -con la presencia de los militares- como nuevo mecanismo contrainsurgente, es muestra del temor que tienen al ver amenazados sus intereses ante el avance sustantivo del control territorial y la lucha revolucionaria Mapuche.
La segunda condición que caracteriza el panorama actual, a su vez, recoge y sintetiza la praxis de la centro izquierda neoliberal que gobernó el país durante tres décadas, pero con un aire pseudo progresista que encandila y seduce a los sectores vacilantes, a los avejentados melancólicos y a los jóvenes contestatarios “buena onda”; en definitiva, resulta ser una izquierda sin lucha de clases que no incomoda más allá de lo discursivo. En el imaginario colectivo, nacional e internacional, Chile ha tenido una supuesta apertura izquierdista y Gabriel Boric, junto con la Convención Constituyente, vendrían a ser los fenómenos que cristalizan dicho giro. Sin embargo, Boric y la Constituyente no representan lo mismo para el pueblo mapuche en resistencia. Más bien, encarnan la administración institucional del descontento popular y comunitario que desmovilizó la protesta social y territorial, encerrándola en los límites de la democracia burguesa y desconociendo que la usurpación de nuestro territorio ancestral sigue siendo la problemática central y que constituye la lucha del movimiento mapuche autonomista. En este sentido, las aspiraciones plurinacionales que impulsan ciertos sectores constituyentes son más bien débiles intentos “desde arriba” por “atender” las dimensiones institucionales de los “pueblos indígenas de Chile”, las cuáles terminan por desconocer las especificidades históricas, coloniales y capitalistas del problema territorial.
No obstante, pese a sus supuestas contradicciones mediáticas, ambas condiciones coexisten y se refuerzan en el escenario represivo actual que enfrenta el movimiento Mapuche autonomista. La condena transversal en torno a la violencia política que han realizado tanto la derecha como el gobierno entrante, e incluso integrantes de la Convención Constituyente, termina por estigmatizar y criminalizar al pueblo Mapuche en lucha, especialmente a los sectores que caminan en la tradición del weychan y la liberación nacional. De este modo, al asimilar a la resistencia mapuche con actos delictivos o terroristas, se provee de insumos a las clases dominantes para que justifiquen la agudización del andamiaje contrainsurgente que hoy opera en el Wallmapu persiguiendo, hostigando, encarcelando y asesinando al mapuche que se rebela. Muestra de esto fue la ejecución extrajudicial del weychafe de la CAM Pablo Marchant por parte de la policía militarizada chilena.
Las formas actuales – y probablemente las futuras- de la contrainsurgencia sobre el movimiento mapuche autonomista se caracterizan por tener un grado inédito de sofisticación. Más allá de lo tecnológico, aspecto central para analizar el desarrollo contemporáneo del conflicto, los rasgos políticos con que el gran empresariado intenta conservar su hegemonía en el territorio son llamativos, y toman sentido en el escenario social anteriormente descrito. Los programas de desarrollo “intercultural” de las corporaciones transnacionales, los fomentos productivos con rostro indígena y los supuestos apoyos a los sectores mapuche vulnerables son sólo algunos de los ejemplos con que se busca cooptar, dividir y desmovilizar al mapuche en tanto, a la vez, se aprovechan de arrinconar a las orgánicas que somos más consecuentes con el weychan. No obstante, cuando esta vía no funciona y el control territorial avanza por parte de los lov en resistencia, se reactivan otras estrategias contrainsurgentes como el paramilitarismo forestal y latifundista. De esta forma, el Estado se lava las manos y terceriza la coerción del conflicto a otros actores difíciles de identificar con claridad.
Debido a lo anterior, hoy más que nunca se requieren nuevas lecturas para viejos problemas, y así seguir forjando debate y discusión política e ideológica necesaria, siendo esta nueva edición del “Chem ka rakiduam” un ejercicio militante ampliado de tal necesidad. Es importante que el lector tenga la claridad que las páginas siguientes constituyen una reflexión orgánica del movimiento mapuche autonomista, la cual maduró y fue gestada al calor de la lucha revolucionaria que la Coordinadora Arauco Malleco ha emprendido por más de 24 años de vida. Es el pensamiento y la acción de la CAM escrita desde el territorio y por sus verdaderos weychafe a la orilla del fogón, bajo la lluvia, y en el bregar constante, haciendo frente a la represión y la muerte. En medio de tanta bruma, y en el contexto de la permanente lucha entre Kai Kai y tren tren …entre el weza y kume newen… es la praxis revolucionaria mapuche hecha palabra que hoy sale a la luz para motivar la discusión, el debate y la acción en los territorios con el irrestricto objetivo de atizar la voluntad de la emancipación del pueblo nación mapuche y de todos los pueblos oprimidos del mundo.
AMULEPE TAIÑ WEYCHAN.
POR TERRITORIO Y AUTONOMÍA PARA EL PUEBLO NACIÓN MAPUCHE
AVANZAMOS HACIA LA LIBERACIÓN NACIONAL WEUWAIÑ – MARICHIWEU
Coordinadora Arauco Malleco – CAM

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