Más allá del Evismo

La Razón (Edición Impresa) / Yuri Tórrez 00:15 / 26 de nov.
La historia no se detiene y en ocasiones se acelera con descargas turbulentas. La crisis política en Bolivia es uno de los hechos más impactantes de la historia contemporánea. La salida “obligada” de la presidencia de Evo Morales fue uno de sus efectos. Esta renuncia fue precipitada por una movilización de sectores urbanos que enarbolaban el discurso de un supuesto fraude electoral, con un motín policial como corolario y la sugerencia del Comandante de las FFAA para que el Presidente dimita.

A partir de ese hecho político se empezó a tejer en algunos sectores del campo intelectual la hipótesis del declive del evismo, y luego del postevismo. Esas suposiciones, a nuestro juicio, son muy precipitadas e epidérmicas, pues ignoran los trasfondos organizativos y comunitarios que sostienen al fenómeno político del evismo. El exvicepresidente Álvaro García Linera lo calificaba como una estrategia de poder: “Aunque su núcleo fuerte parta de una persona, el evismo es un hecho colectivo revelado como una práctica política”.

De allí se deduce dos aristas. Por un lado, el evismo es la autorrepresentación de los sectores que hacen a lo nacional-popular (René Zavaleta dixit), especialmente indígenas y campesinos. Y por otro, hay un reconocimiento implícito del liderazgo de Evo Morales. Aquí es donde muchos apuntan su artillería para advertir el repliegue del evismo. La explicación, recurrente hasta el hartazgo de que el “caudillismo desmedido” de Morales lo condujo a él y a su partido (el MAS-IPSP) a la deriva política es una mirada epidérmica, sobre este fenómeno político que no logran entrever la complejidad socio/política del evismo.

El Movimiento Al Socialismo-Instrumento Político por la Soberanía de los Pueblos (MAS-IPSP) no es una estructura partidaria convencional. Es un entramado de estructuras sociales imbricada en redes ampliadas de organizaciones indígena/campesina en el área rural y en espacios periurbanos. En rigor, el IPSP no es solo una añadidura a la sigla del MAS quizás es el instrumento articulador de las distintas lógicas sindicales y campesinas de lo nacional-popular donde radica el sentido político del evismo.

O sea, la esencia del evismo no radica simplemente en Evo Morales, sino trascienda su liderazgo. Aquí está la paradoja de la denominación de evismo. Una muestra fue la acción colectiva de las organizaciones sociales de El Alto en el curso de la resistencia popular al ejercicio autoritario del gobierno transitorio de Jeanine Áñez. Esta movilización reveló una lógica organizativa territorial propia y una subjetividad propias, y por ende, también una narrativa movilizadora propia, independiente del MAS y de las directrices del propio Evo Morales. Por lo tanto, esta acción colectiva está enclavada en una memoria de larga y corta duración de resistencia popular (vgr. guerra del gas).

En lo político, esta movilización logró parar la “mano dura” del gobierno de Áñez. En lo simbólico, consiguió reivindicar a la wiphala, no solamente como símbolo nacional ante una arremetida inicial de sectores conservadores, sino también como un ícono de la identidad de los pueblos indígenas/campesinos.

Entonces, cierta intelectualidad conservadora, en su afán por menguar el liderazgo de Evo Morales, no vislumbra la energía política de la movilización popular en curso. Aquí estriba la vigencia de lo nacional-popular, reflejada en estas nuevas masas de noviembre, que resignifican esta vez al propio evismo.

* Sociólogo.

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