Los Plebiscitos del “Sí o No” y del “Apruebo o Rechazo” son dos caras de la misma moneda.

El 4 de septiembre nuevamente la ciudadanía va a utilizar el lápiz, esta vez para aprobar o rechazar la propuesta de una Nueva Constitución, que presenta la Convención Constitucional y es a través de un plebiscito, que llaman de salida ratificatorio, es semejante al Plebiscito de la salida de pinochet y de la alegría ya viene, que nunca llegó, pero que sí dio continuidad al sistema neoliberal de la dictadura de Pinochet. Tiene toques parecidos de cuando la clase política prometía, que Chile se llenaría de cielos y paraísos, y que la alegría vendría con tan solo marcar por el no.

Pasaron treinta años y la alegría lo que trajo fue aflicciones, pero si en el hipotético caso el Sí de Pinochet hubiese ganado el plebiscito, los trabajadores y sus familias hubiesen con seguridad continuado por largo tiempo viviendo el infierno dictatorial de torturas, desapariciones y muerte, pero ¿Cuál es la diferencia entre la aflicción del No de la “alegría ya viene” y el infierno del Sí, de la continuidad de la dictadura de Pinochet? Y la respuesta es, que es algo así como la disimilitud entre plaga y peste.

Es humano, racional y lógico entonces preguntar, ¿Fue la “alegría ya viene” una alucinación masiva? O ¿Fue la continuidad del sistema neoliberal impuesto por la dictadura? La contestación está a flor de piel y lo muestran los hechos de la historia reciente: Fue lo uno y lo otro, puesto que el regocijo nunca llegó, mas para ser justos, hay que reconocer, que sí, que la alegría llegó, que llegó con la continuidad del sistema neoliberal y la persistencia de la represión, torturas, muertes, ojos volados, desapariciones y violaciones a los derechos humanos.

Las movilizaciones y la lucha popular de principios de la década de los 80-tas, dejó en estado grogui a la dictadura, tan fuerte fue el poder popular expresado en manifestaciones y acciones, que el movimiento antidictatorial hizo tambalear a la dictadura y la clase dominante, esta última al percibir que estaba a punto de ser derrocada, concertó a toda la clase política, para maquinear el acuerdo de transición a la democracia y mantener el poder. Para lograr ese objetivo, la clase política con sus izquierdas, centros y derechas, más los milicos y el imperialismo yanqui, lo primero que hicieron, fue relegar a segundo y último plano a las vanguardias de la clase trabajadora y el rol protagónico, que entonces tenían. Situaron en lo más lóbrego a los combatientes, que luchaban en contra de la dictadura, utilizando todos los medios, que la represión disponía, además de la persecución, la delación y la traición a la que los luchadores por la libertad fueron expuestos.

Sucede, que justo cuando las masas habían perdido el miedo a la dictadura y a los milicos, con la lucha antidictatorial en apogeo y en alza, existiendo entonces también la posibilidad real de una insurrección triunfante, es cuando como por arte de magia la clase dominante convence a la ciudadanía, que el sufragar es un acto sublime de democracia y para ratificar, que decía la verdad, les entregó a los trabajadores un lápiz con la mano izquierda y mostrándoles una moneda con la derecha, le dijo a la ciudadanía, ¡elijan chusma inconsciente!, ¡cara o sello!, cara es “mal” y sello es el “mal menor”. Y la clase dominante acotó, que a ellos les daba lo mismo lo que gane en las urnas, porque dijo; somos democráticos y amantes de la paz. Pero la clase empresarial se guardó, para ella el conocimiento de que las dos opciones son parte de la misma moneda y que cara o sello, “mal” o “mal menor” da igual, porque son dos facetas de la misma moneda. Así, que lo que triunfe o la opción que saque más votos, da igual, porque la continuidad del sistema está asegurada, gane quien gane.

Si gana el “mal menor” el sistema continua, solo que con algunos cambios, pero a fin de cuentas, continua y si gana el “mal”, ¡mejor, para los oligarcas!. Cualquier opción que gane, igual gana la clase de los ricos y en caso de que el pueblo no acepte ninguno de los dos males, y elige un camino diferente, como el de la emancipación, hay que recordar que al servicio de los ricos están los sables.

Fue en esas circunstancias, que la clase política acordó con la participación y el beneplácito del Departamento de Estado de los EEUU la salida del dictador. Así,  de esa manera es que llegó el Plebiscito de la “alegría ya viene”, que se fraguó como de costumbre; tras bambalinas con la participación de casi todos los partidos políticos de entonces, tanto de “izquierda”, de centro como de derecha. “Acuerdo nacional para la transición a la plena democracia” le llamaron.

Fue entonces que la ciudadanía recibió el instrumento mágico de los ricos: el lápiz, para votar, o por la alegría o por pinocho, y así con la lógica del “mal menor” la familia homo sapiens var. chilenaea chilensis votó por la “alegría ya viene”, porque era el “mal menor”, que por supuesto era mejor opción, que el “mal”, porque no era tan malo, pero malo al fin y al cabo. La alternativa de la lucha por la emancipación quedó tirada, por ahí, sola y olvidada. Solo los imprescindibles con sus organizaciones la mantuvieron viva en sus brazos.

Tan grotesco y espeluznante fue el triunfo de “la alegría ya viene” del “proceso de transición a la democracia plena”, que el primer Presidente fue nada menos que el sedicioso más grande y además de quedar en la historia de Chile como el infame general civil del golpe de estado en contra de Allende en 1973. Las dos caras de la moneda, que en esencia presentaron una misma opción, dieron lo mismo como resultado, solo que con algunos matices de diferencia. Los condimentos de la democracia alcanzada fueron el circo de las votaciones arregladas en el Congreso, un día tanto la “izquierda derechista” como la “derecha” votan así y el otro asá, un día a favor, el otro en contra y el tercero todos juntos con algunas abstenciones, para que no se note mucho que sus intereses los mismos. Discuten a viva voz, se enojan y se amenazan de cuando en vez y de vez en cuando, cosa que no sea tan obvia la manipulación y la mentira ante los ojos y oídos de la ciudadanía. Toda esta comedia es para que la democracia y la libertad prevalezcan.

Cuando la “alegría ya viene” y la “transición a la plena democracia”, cumplió treinta años, la juventud chilensis remeció a toda la sociedad con sus movilizaciones, despertándola e integrándose esta a la lucha en contra del sistema y exigiendo la renuncia de Piñera.

Fue la juventud estudiantil de Enseñanza Media la que mostró el camino a la ciudadanía, que se unió a los escolares, se movilizó y marchó por las calles de todo el país exigiendo las demandas de fuera Piñera, Asamblea Constituyente, para una Nueva Constitución, Salud pública de calidad y para todos, No más AFP, Las riquezas y el agua de chile, para todos los chilenos, Educación pública, gratuita y de calidad, No a la ley de pesca, etc. Un nuevo movimiento popular y transversal volvió a estar a ad portas de hacer cambios radicales en el país, pero al igual que treinta años atrás, justo cuando el ladrón y asesino de Piñera estaba a punto de ser derrocado, la clase dominante a través de su servil clase política con menos de un 4% de aprobación ciudadana, saca de lo más oscuro de la noche del 15 de noviembre del 2019, un nuevo acuerdo, esta vez le llamaron el “acuerdo por la paz social y nueva constitución”. De nuevo le tocó el turno al lápiz y a votar, por supuesto todo a la pinta y gusto de los empresarios, que definieron que no será Asamblea Constituyente, sino algo parecido, pero nunca igual.

Borraron la principal demanda de la Revuelta, la demanda de la Asamblea Constituyente, para una Nueva Constitución, la cambiaron por el fraude de la Convención Constitucional. La hicieron sonar parecido, pero en esencia es totalmente diferente.

El engaño se montó y lo firmó la clase política entre gallos y medianoche con el claro objetivo de desmovilizar y paralizar al pueblo y sus lucha en contra del sistema, además de salvar al corrupto, ladrón y asesino de Piñera, asegurando la permanencia también en el poder legislativo de la clase política con sus diputados y senadores, para que el circo siga y así la clase dominante poder manipular a la población a gusto y antojo. Pero ante todo con ese acuerdo y su punto estrella de la Convención Constitucional, la clase de los ricos, garantizaron la continuidad del sistema neoliberal construido por la dictadura, mantenido y perfeccionado durante los treinta años de gobiernos “de la transición a la plena democracia”, tanto los de “izquierda de derecha”, como de los “derechamente de derecha”.

Independientemente que gane el apruebo o el rechazo, la continuación del sistema socio económico imperante está protegido y permanecerá solo hasta que el pueblo organizado en revolución lo destruya. Y es que la mismísima clase dominante está incrustada y representada por los partidos políticos de “izquierda de derecha”, de los de derecha y de los fachos obviamente. Todos estos partidos políticos reciben financiación bajo cuerda de parte de la clase dominante a través de los empresarios. La moneda es de ellos y tienen copado los dos lados de ella, el del “mal” y el del “mal menor” y la clase dominante maneja las dos opciones, así es, que lo que sea, que gane, ganan los ricos y su sistema.

El circo del apruebo y el rechazo está en apogeo y la se gente pregunta  ¿Qué opción es la que va a ganar?. Las respuestas fluyen: Boric dice, que si gana el rechazo llamará a un nuevo proceso constituyente, Lagos por su lado dice, no importa que gane, porque el debate constitucional continuará, Marcel, llama a la “unidad” y a la política de “acuerdos”, no importa que gane, los milicos de todas maneras igual van a hacer sonar los sables, gane lo que gane y la derecha y los fachos dicen, bien gracias, estamos complacidos, ha sido un placer.

La alternativa de la clase trabajadora es la lucha contra el sistema y por una sociedad justa, para todos.

Solo una Asamblea Constituyente Originaria, Libre y Soberana puede redactar la Nueva Constitución.

Eduen Tapias

 

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