La victoria soviética sobre el nazismo y la ciencia militar (Carlos Gutiérrez)

Publicada en Facebook de Carlos Gutiérrez .(22/junio/2020)

Hoy 22 de junio, se conmemora otro año más del inicio de la invasión a la Unión Soviética por parte del ejército alemán, en el marco de la Segunda Guerra Mundial y como parte de los ambiciosos planes del nazismo por ampliar su “espacio vital” a costa de un definido enemigo sustancial y principal caracterizado como judeo-comunista, un estado centralizado sovietizado, con una nación eslava considerada como sub-humana y que generó las condiciones materiales, ideológicas y subjetivas para la existencia de una guerra cruenta, pero sobre todo a una ocupación del territorio soviético y un despliegue de la fuerza militar que sembró el horror y la violación de la dignidad humana a escala nunca vista en la historia de la guerra.
Esta conflagración militar, conocida como Gran Guerra Patria en la Unión Soviética, implicó dimensiones nunca vistas en la historia (y seguramente irrepetibles), con un ejército invasor de tres millones de soldados alemanes, 326.000 rumanos y 500.000 finlandeses, encuadrados en 152 divisiones alemanas, 14 divisiones rumanas y 14 divisiones finlandesas, desplegados en un frente de alrededor de 2.000 kilómetros que abarcaba desde el Mar Báltico al Mar Negro, con batallas que en sí mismas ocuparon a millones de soldados y equipos por miles, que dejaron más de 20 millones de víctimas en el pueblo soviético y que en definitiva significó en los hechos concretos la derrota del proyecto nazi, relegando a un plano muy secundario la confrontación en el frente occidental.
Pero más allá que el discurrir histórico y la fuerte hegemonía estadounidense en el mundo occidental post guerra haya opacado el verdadero desarrollo de esta en el frente oriental, hoy día es imposible una análisis serio de la victoria de los aliados si no se pone en valor el decisivo aporte soviético, así como también la desconstrucción del mito de que la derrota alemana se basó en factores externos como la inclemencia del clima ruso en conjunto con la variable masa, a propósito de la gran cantidad de recursos humanos movilizados con que contó la unión de repúblicas soviéticas.
Es indudable que esas condiciones pesan en una guerra y son siempre consideradas en cualquier planificación estratégica militar, pero de la misma forma la propia historia demuestra que no son en sí mismo factores de la victoria final. Durante el desarrollo del conflicto, la Unión Soviética demostró una capacidad inédita y titánica de organización, liderazgo, aprendizaje, voluntad, capacidad ideológica y teórica que siguen siendo estudiadas, analizadas e impactan por sus dimensiones, envergadura y capacidad humana de haberlas implementado.
Uno de esos factores claves, que el mundo capitalista occidental ha silenciado convenientemente, tiene que ver con el desarrollo teórico del arte militar soviético y que fue el soporte fundamental de la victoria sobre uno de los ejércitos mejor calificados de la historia, como lo reconocieron todos los beligerantes de la época y los propios estudios de post guerra.
Durante la década de los años 20 e inicios de los 30, se registró el momento de mayor reflexión sobre la teoría militar al interior del Ejército Rojo, con destacados expositores como Isserson, Kolenkovsky, Shaposhnikov, Shikovsky, Svechin, Triandafilov, Uborevich, Varfolomeyev, Yegorov y el más conocido en occidente el mariscal Tukhachevsky, que dejaron muchos escritos relevantes y sobre todo una fuerte influencia que se fue transmitiendo al calor del mismo proceso de creación y fortalecimiento del Ejército soviético, a través de sus academias militares y cuerpos de armas.
Todos ellos, y otros muchos oficiales que aportaron, tuvieron una larga experiencia concreta en guerras; la Primera Guerra Mundial, la guerra civil en contra del Ejército Blanco zarista y la invasión de tropas de los principales países capitalistas occidentales (en una coalición con los grandes Inglaterra, Francia y Estados Unidos y otra cantidad de países menores), así como la guerra contra Polonia y el apoyo solidario a la república española en su guerra civil.
Esta larga experiencia concreta se sumó a la realidad de otros factores que fueron incorporados en la reflexión teórica, como la magnitud de los espacios físicos y temporales en la era de los ejércitos masivos, la concepción que la guerra entre grandes potencias industriales ya no se ganaba en algunas batallas, ni siquiera campañas y que tampoco era decisiva la sumatoria de victorias tácticas para conseguir éxitos estratégicos, sino que la victoria final era el resultado de “la consecución de éxitos a través de la conducción de una serie de operaciones ofensivas estratégicas interrelacionadas, cada una de las cuales representaba un paso adelante hacia el objetivo estratégico último. La ejecución de las mismas descansaría en el campo del arte operacional”, que en los hechos era el nacimiento de un nuevo concepto teórico militar, que consistía en el eslabón clave entre la estrategia y la táctica.
La suma agregada de los éxitos tácticos lleva al éxito operacional de los ejércitos, y a su vez la suma agregada de estos lleva, simultáneas y sucesivas, ejecutadas en el marco de una operación ofensiva estratégica a nivel de frente a la destrucción de agrupaciones enemigas mayores, y como consecuencia obtener el control de áreas claves desde el punto de vista económico y político.
Estas primeras reflexiones ya se manifestaron en el año 1927 con la definición de Svechin de “La táctica conforma los escalones desde los que se organizan los saltos operacionales, la estrategia marca el camino”. Para el año 1929 perfeccionaron el concepto táctico de “batalla en profundidad”, con la utilización de nuevas tecnologías en armas, especialmente carros de combate y aviones, para romper las defensas en la ruptura y penetrar los sistemas defensivos. Se menciona este concepto por primera vez en el Manual de Campaña de ese año.
En el año 1935 se perfecciona este concepto en el documento “Instrucciones para la batalla en Profundidad”. Toda esta concepción y elaboración teórica se sintetiza en el año 1936 a través del Manual de Campaña Provisional del Ejército Rojo de Trabajadores y Campesino (PU-36). La experiencia de los ataques militares a la naciente Unión Soviética inmediatamente después de la revolución bolchevique llevó a la conclusión de la necesidad que la economía y la sociedad debían industrializarse y militarizarse para hacer frente a los desafíos de cómo se entendía la guerra moderna.
Los avances tecnológicos llevaron el concepto de batalla en profundidad a un nuevo escalón, imaginando el empleo de armas modernas en un golpe demoledor en el sistema defensivo a la máxima profundidad posible, para luego explotar la penetración en forma acelerada que impidiese cualquier nueva organización defensiva del enemigo. El Mariscal Yegorov afirmaba “La tarea básica y principal del arte militar es evitar la formación de un frente firme por parte del defensor, confiriendo a las operaciones una destructiva fuerza de choque y un rápido ritmo”.
El objetivo principal de la maniobra operacional era la destrucción de la fuerza enemiga, más que la conquista de territorio. Los principios básicos fundamentales eran: concentración en el punto de máximo esfuerzo; economía de fuerzas en sectores secundarios (estas nociones eran tributarias del concepto marxista de correlación de fuerzas); cooperación entre todas las armas y acciones sinérgicas en diferentes sectores; importancia de la moral y la responsabilidad del comandante; la necesidad de la flexibilidad basada en la capacidad de iniciativa; una base sólida logística para cumplir los planes; la importancia de la sorpresa y el enmascaramiento de las operaciones (este fue uno de las mayores éxitos soviéticos a través de las acciones conocidas como Maskirovka, diversionismo, y que según el manual consiste en que “la sorpresa paraliza. Por tanto, todas las acciones de combate deben ser llevadas a cabo con el máximo secreto y la máxima velocidad”).
Pero el aspecto más novedoso del Manual, y del cual los alemanes fueron los primeros en adoptarla, es el de la batalla en profundidad a nivel táctico y más aun las operaciones profundas, en que las “nuevas” fuerzas mecanizadas jugarían un papel decisivo. Según el Manual “Las formaciones mecanizadas, compuestas por carros de combate, artillería autopropulsada, e infantería montada en transportes de personal pueden llevar a cabo misiones independientes separadas de otras armas o en cooperación con ellas. Sus maniobras y ataques deben contar con apoyo aéreo. Las unidades de asalto paracaidista son medios efectivos para perturbar el ejercicio del mando y control y los servicios de retaguardia del enemigo (la logística). En cooperación con las fuerzas atacantes en la línea de contacto, pueden jugar un papel decisivo en su derrota total en un eje determinado”.
Este Manual codificaba la doctrina oficial del Ejército Rojo para un modelo de defensivo-contra ofensivo y llegó a ser mucho más avanzado de lo que elaboraron los alemanes de la época, y más aún de lo que reflexionaron británicos y estadounidenses.
Una conclusión obvia de esta apreciación soviética sobre la maniobra era el fin de la guerra de posiciones, con el domino de un escenario fluido, de cambios rápidos e inesperados, que exigen de los mandos mucha creatividad y capacidad de abstraerse y encontrar soluciones originales a los problemas. Otras innovaciones muy relevantes era el papel que se lea asignaba al poder aéreo en esta modalidad, como un apéndice de las fuerzas terrestres en el marco de armas combinadas, para ser usadas en masa y concentradas en las misiones más importantes.
Estas definiciones doctrinales empujan a una nueva reorganización del Ejército Rojo y por lo tanto nuevas concepciones de la fuerza, como por ejemplo fue la creación de los “Ejércitos de Choque”, destinados a la ruptura de las posiciones defensivas enemigas o la explotación en profundidad. Eran unidades compuestas por cuerpos de fusileros, carros de combate de apoyo, artillería y morteros, ingenieros y reconocimiento, y divisiones aéreas. Ya en 1936 se disponían de varios cuerpos de estas características.
Otra novedad organizacional y combativa fue la creación de unidades aerotransportadas, las primeras en la historia, que fueron rápidamente copiadas por los observadores alemanes en las maniobra de Kiev de 1935, como parte de las visitas permanentes que hacían en el marco de los acuerdos de cooperación entre ambos ejércitos.
Todos estos avances teóricos y prácticos, incluidos el Manual PU-36 sufrieron rigores alejados de la ciencia militar misma. Cayeron en desuso e incluso de desmanteló parte de los procesos de reorganización, como producto de los avatares políticos al interior del régimen soviético, particularmente con la gran purga de los años 1937-38 en el seno de las fuerzas armadas. La gran mayoría de esta generación brillante de militares que originó esta teoría entró en el oscuro proceso de acusaciones de conspiración contra el régimen, lo que les costó su vida a la mayoría de ellos.
Una vez desacreditados y frente al empuje de la represión y las luchas intestinas por el poder y la sobrevivencia, desapareció la adopción del Manual PU-36 y se volvió a viejas doctrinas basadas en la defensa estática y en línea y se disolvieron los grupos mecanizados, aunque se mantuvo el interés por los cuerpos blindados.
Fue esta realidad, desaparición de miles de cuadros militares y especialmente su brillante cúpula, el abandono de su doctrina, la rigidez del nuevo mando y el proceso de reacomodo orgánico, la causante del deterioro y mala preparación con que se encontraba el Ejército Rojo para la primavera del año 1941. Y por lo tanto la gran responsable de la caótica primera etapa de la Gran Guerra Patria.
Su aprendizaje fue tan duro como rápido, y ya para el año 1942, y específicamente con la victoria en Stalingrado recupera la iniciativa estratégica y empieza a cambiar el rumbo de la guerra dirigiéndose al triunfo inevitable del ejército soviético, justamente a través de la recuperación de sus ideas militares post revolucionarias. La experiencia concreta, la ubicación en los puestos de mando más relevante de una nueva generación de brillantes militares, los avances tecnológicos y potenciación de nuevas armas llevaron a recoger los pasos de una doctrina original y brillante que les estaba dando resultados frente a un poderoso enemigo.
Toda esta nueva experiencia se codifica ahora en el Manual de Campaña de 1944 (PU-44), que recoge los conceptos básicos del Manual de 1936 e innova en cuanto a composición de fuerzas y sus modos de empleo. Las tropas que iniciaban el ataque principal fueron reforzadas por tropas de artillería, ingenieros y tanques en todos los niveles, así como también se formalizaron los procedimientos de las ofensivas de artillería y aérea que proporcionaban apoyo constante a las fuerzas de ataque terrestre.
El nuevo Manual destacaba tres principios básicos: la maniobra, la sorpresa y la iniciativa, y decía “la maniobra es una de las condiciones más importantes para alcanzar el éxito. La maniobra consiste en un movimiento de tropas organizado con el propósito de crear la agrupación más efectiva y en situar esta agrupación en la posición más favorable para atacar al enemigo mediante un golpe decisivo para ganar tiempo y espacio. La maniobra debe ser simple en su concepción y debe llevarse a cabo en forma secreta, rápida y de tal manera que se consiga la sorpresa del enemigo. Estar preparados para asumir la responsabilidad de una decisión arriesgada y llevarla a cabo hasta el final de forma persistente es la base de la acción de todo comandante en la batalla. Una audacia y una inteligencia osadas deberían caracterizar siempre al comandante y a sus subordinados. No se merece el reproche aquel que en su celo por destruir al enemigo no consigue su objetivo, sino aquel que, temiendo a la responsabilidad, permanece inactivo y no emplea todas sus fuerzas y medios en el momento apropiado para conseguir la victoria”.
Afortunadamente para el pueblo soviético y el progresismo mundial, estas enseñanzas y aplicaciones en el seno del Ejército Rojo permitieron una victoria brillantes frente a la amenaza civilizatoria del nazismo. El mundo post guerra debe esta eterna gratitud.

 

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