La clase trabajadora tomará de nuevo el lápiz

La clase trabajadora tomará de nuevo el lápiz y votará entre un facista y un centro izquierda de derecha.

Hace cincuenta años atrás y repasando la situación de la clase trabajadora de entonces y también exponiendo las alianzas y las claves del accionar de la burguesía, encontramos que el tan solo hecho de que la clase trabajadora con Allende al frente del Gobierno Popular, haya tenido posibilidad de emanciparse, hizo saltar la alarmas de la burguesía, y que esta al percatarse del peligro de ser derrocada por el proletariado, comenzó la preparación de su defensa con el apoyo del Gobierno de los EEUU. Hizo un llamado a los partidos de derecha y en especial al partido Demócrata Cristiano, con el especifico objetivo de propiciar, preparar y allanar el camino, para que junto a los militares, organizaran y dieran un golpe de estado. A este proyecto se sumaron prominentes sediciosos y lideres democristianos como Patricio Aylwin el general civil del golpe y Eduardo Frei ex Presidente de Chile, quien más tarde fuera asesinado por la misma dictadura.

Después de mil días de Gobierno Popular, la burguesía respondió a la afronta de los trabajadores con un golpe cívico militar de carácter facista, que con la utilización del terror y la violencia, encarceló, torturó, desapareció, asesinó a sus lideres, reprimió y aniquiló a la generación de luchadores sociales de entre 15 y 30 años de edad. Desorganizó y atomizó a las organizaciones de los trabajadores, dejando amorfo al proletariado, para continuar con su lucha de liberación.

¿Qué pasó?¿Por qué la clase trabajadora tuvo una derrota tan aplastante?

La clase trabajadora se enfrentó dividida, confundida y ambigua al enemigo en los momentos decisivos de la lucha.

Los partidos Comunista, Radical, Mapu Obrero y Campesino y un sector del Partido Socialista, llamaban a dialogar con el partido Demócrata Cristiano, incluso cuando era vox populi, que ese partido era uno de los activos propiciadores y gestores de un golpe de estado. Estas agrupaciones en los momentos más críticos de la lucha, hacían política bajo la consigna de “no a la guerra civil” y en las marchas levantaban pancartas con palomas de la paz, creando así confusión en el proletariado, porque al mismo tiempo que marchaban bajo esos eslóganes, sus propias sedes partidarias y fábricas eran allanadas por los militares en busca de armamento de acuerdo a la Ley de Control de Armas y Explosivos o nueva Ley Maldita, que fue dictada en octubre de 1972 que, para más remate fue promulgada con todos los votos de la Unidad Popular y sin veto de parte del Presidente de la Republica.

Ese mismo sector manifestaba que el proceso de cambios debía continuar dentro de los marcos de la Constitución y la Ley. En ningún momento adaptaron su accionar a la nueva realidad, conservaron sus posturas políticas hasta incluso después del golpe, culpando a la izquierda revolucionaria como la causante del golpe de estado.

La posición radicalizada del proceso revolucionario marchaba bajo la consigna de “avanzar sin tranzar” y centraba la construcción de su política alrededor de Crear Poder Popular, como germen y cimiento fundamental del poder de la nueva sociedad, y para defender y fortalecer el Gobierno Popular. Este sector hacia suya la posición de defender el proceso revolucionario con las armas. También informaba al pueblo, que llegado el momento las armas iban a llegar y estar a su disposición.

La clase trabajadora al momento del golpe se encontraba, dividida con miles de trabajadores en sus lugares de trabajo dispuestos a defender el Gobierno Popular, pero sin un plan de defensa y desarmada. Las armas prometidas nunca llegaron,…. pero sí la balas del enemigo.

La responsabilidad principal de la derrota la tienen nuestras supuestas “vanguardias proletarias”, que no se pusieron de acuerdo en las formas de actuar y hacer política, incluso cuando el proceso revolucionario más lo necesitó. Los análisis de la realidad y la contingencia se diferenciaron fuertemente. No hubo criterios afines, para el accionar revolucionario, hubo división. Las “vanguardias proletarias” no fueron capaces de elegir el terreno ni menos marcar los tiempos de la definición estratégica de cómo, cuándo y dónde enfrentar al enemigo, para salir victoriosos.

La lección que deja el proyecto liberador más grandioso del proletariado chileno es que, sin la unidad y organización de la clase trabajadora, la vanguardia proletaria ausente y la falta de políticas y objetivos claros y concisos a seguir, los trabajadores y el pueblo marchan directo al fracaso.

¿Qué pasó con la movilización social de la Revuelta de millones y millones de personas manifestándose por las calles del país por una Asamblea Constituyente y una vida digna?

¡Están en casa y viendo tele! y muchos de ellos se preparan para votar por Boric, el de “para vivir mejor”, en contra del “facismo”, utilizaran el lápiz de igual manera de cuando se votó por el “general civil del golpe” Patricio Aylwin, el de la “alegría ya viene” también en contra del “facismo”. ¡Dèjá vu!

Treinta años pasaron y todavía no aprendimos la lección, que la “alegría, llegó” solo para “ellos” y que, esto de “para vivir mejor” es también solo para que ellos. ¡Ahora van a vivir mejor y alegres!

Dijeron que no la vieron venir, mas esta tremenda manifestación de poder del pueblo con sus demandas sí llegó y llegó enrabiada de tanto abuso y la Revuelta pilló tanto a los burgueses como a su servil clase política con los pantalones abajo. Les costó creer, pero….., la burguesía, asustada y desconcertada, se tomó el tiempo de estudiar, analizar la esencia y la dimensión de la manifestación social de la Revuelta y concluyó, que la demanda principal de la Revuelta de una Nueva Constitución, redactada por una Asamblea Constituyente, Originaria, Libre y Soberana era sinónimo de sofoque y peligro y que las consecuencias tan solo de esa demanda conllevarían a la creación de condiciones sociales tales, que hubiese sido posible el derrocamiento de la burguesía o por lo menos una perdida enorme de su poder y privilegios.

Conforme a esa nueva realidad, la clase de los ricos actuó rápido, llamó a sus aliados de siempre e inventaron la Convención Constitucional, que dejó a la Revuelta desmovilizada. Vino el Plebiscito, las elecciones de los constituyentes en la que todos los partidos de la clase política presentaron candidatos. La Convención fue pintada de colores originarios con la elección de una Presidenta Mapuche y ¡Zas!, de la noche a la mañana todo se arregló como por arte de magia.

Así el candidato de “para vivir mejor” Boric, aporto su “granito de arena” al estampar su firma en el acuerdo de Paz, que salvó a Piñera y que dio paso al fraude de la Convención Constitucional.

Se produjo un milagro. ¿Pero será verdad, que hay milagros?

No, no es verdad, es un engaño más, y esta vez al igual que 50 años atrás dieron un golpe, solo que esta vez fue suave. El Acuerdo por la Paz y Nueva Constitución, firmado por la clase política y Boric, fue la primera pata de la cueca, que preparó el terreno para dar el golpe blando a la Revuelta. Luego vino el Plebiscito y el fraude de la Convención Constitucional y a campaña de nuevo, para utilizar el lápiz y la ciudadanía salió a votar. Después de nuevo a campaña y a votar, esta vez por los constituyentes. Y todavía falta. A la Revuelta le cambiaron calle por lápiz.

No dieron un golpe con los militares, ni bombardearon, no fue apremiante recurrir al recurso del facismo a tal grado, pero sí fue necesario manipular y engañar a la ciudadanía, mas en esencia la metodología de golpe se repite: Utilización de la clase política, para organizar, allanar y preparar el golpe, rapidez, para asestar golpes contundentes con el objetivo de dejar al contrincante desmovilizado y paralizado sin ánimo de continuar con su lucha, Aparte de entregarle la opción del lápiz.

El Gobierno le recordó al pueblo que, los militares y las fuerzas policiacas continúan usando métodos facistas de terror y violencia desproporcionadas, como volar ojos, desaparecer, asesinar, violar, encarcelar a jóvenes de entre 15 y 30 años, traumatizar a una generación, infundiendo el miedo con utilización del terror y la violencia.

La Revuelta y sus demandas, se quedó firme, aguantó de todo, largo y mucho, más la principal causa de que el movimiento social de la Revuelta Popular pudo ser paralizado y enviado a casa, es la misma de siempre: La ausencia de unidad y una dirección clara y organizada de trabajadores. Aparte del bicho.

Hace ya casi 40 años, a la burguesía y a los militares les “tiritó la pera” y fue producto de las masivas manifestaciones populares en contra de la dictadura y las acciones armadas realizadas por el FPMR, el MAPU Lautaro y el MIR. Habiendo también estructuras de socialistas organizándose militarmente. Con ayuda de los EEUU, logró de nuevo la burguesía el acuerdo de transición a la democracia entre la clase política y la dictadura. Acuerdo que incluía la “intocabilidad” de Pinochet y la mantención de la Constitución de la dictadura.

El acuerdo permitió esa estudiada y cinematográfica levantada del dedo amenazador de Lagos, que fue parte del plan de manipulación mediática, para él ser erigido ante el pueblo en efervescencia, como el político valiente y luchador, capaz de enfrentarse al dictador. El plan de la clase política dio resultado y dejó en segundo plano a los verdaderos luchadores, en su mayoría combatientes clandestinos y a los héroes, que pusieron su sangre en tierra. La clase política dirigida por el empresariado asumió el liderazgo de la oposición a la dictadura.

Desde ese momento la lucha pasó a llamarse oposición y los enemigos pasaron a llamarse adversarios. La lucha antidictatorial, cambió al cauce de la conciliación y el “respeto” a los facistas. Todo el proceso de transición se efectuó bajo el alero y potestad de la burguesía y los EEUU. Así hoy, Boric “respeta” al facista de Kast.

Todos los partidos de la clase política, incluso los que en algún tiempo se llamaban de izquierda se sumaron al acuerdo. La excepción fue el Partido Comunista, que a pesar de haber renunciado a la política de Rebelión Popular y también al FPMR, con el fin pedir su integración al acuerdo. No fue aceptado por el resto de los partidos de la clase política, más adelante les dijeron. Treinta años les tomó en ser aceptados. Hoy tratan a Cuba, Nicaragua y Venezuela de dictaduras, que no respetan los derechos humanos.

A Pinochet lo salvó la clase política con los acuerdos de la transición a la democracia y esos acuerdos también fueron promovidos y aceptados por Aylwin y Lagos.

A Piñera lo salvó la clase política con el Acuerdo por la Paz, impulsado y firmado por Boric. ¡Dèjá vu!

La clase política al servicio de los ricos ha sabido capitalizar los movimientos sociales en la diferentes épocas, han hecho suyas las demandas del pueblo y han definitivamente engañado a la clase trabajadora y a la ciudadanía, tanto con la alegría ya viene, como con el movimiento de los pingüinos y ahora con la Revuelta Popular y el cuento de la Convención Constitucional.

El movimiento de la Revuelta Popular no fue liderizado por fuerzas revolucionarias organizadas, porque los golpes tanto de la represión como los asestados por la traición de sus dirigentes a los principios ideológicos y políticos de los supuestos partidos de la clase trabajadora, los dejaron muy debilitados y no pudieron asumir su natural liderazgo.

La responsabilidad de que la burguesía a través de la clase política haya asumido el rol de líder y que reencausara la Revuelta Popular por caminos, que a ella benefician, es responsabilidad de los mismos revolucionarios, que no supieron tomar el rol de lideres con sus organizaciones revolucionarias, débiles o no.

La “democracia y la libertad” siempre nos llama a usar el lápiz y votar:

Ayer Chile votó por Aylwin, el general del golpe, porque queríamos democracia y no facismo. Hoy a treinta años de distancia, Chile se prepara a votar por Boric porque quiere democracia y no facismo. ¡Dèjá vu!

Quieren hacer creer a los trabajadores que, Kast traerá el fascismo de vuelta, pero él así como así, no puede traerlo porque el facismo es el último recurso del capitalismo, que la burguesía utiliza cuando está al borde de ser derrocada por los trabajadores organizados. No hay señales de que la burguesía este al borde de ser derrocada por el proletariado. Solo recurrirá al facismo cuando se le terminen todas las opciones de mantenerse en el poder, dentro del sistema democrático burgués, que impera en Chile, ósea cuando exista el peligro real de que la burguesía sea derrocada.

Pero el cuco es el facismo, y si ayer era Büchi, hoy es Kast.

El cuco es Kast. El es el Mal. Es facista recalcitrante, es malo del “verbo malo”.

Y Boric, ¿Quién es Boric? ¿No fue acaso uno de los que salvo a Piñera? ¿Acaso Boric y sus partidarios no votaron leyes en contra del pueblo?

Pero Boric no es el cuco. El es el Mal menor. Como mal menor, también es malo, puede ser remalo, un poco menos malo, que el malo, pero malo, malo después de todo. Es de centro izquierda, tirado para la derecha.

Mientras la clase trabajadora, continue desorganizada, atomizada, sin una política de clase y con la vanguardia del proletariado ausente, estará votando por pijes y aparecidos, que imponen los ricos. Continuará siendo vagón de cola de la clase política y los corruptos.

Se necesita una Central Unica de Trabajadores, que represente, haga suya la lucha de los explotados y les guie a una sociedad de justicia social por la que nuestros héroes pusieron su sangre en tierra.

Hoy como hace 50 años, sigue vigente la tarea de ¡Luchar, Crear, Poder Popular!

Eduen Tapias

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