Jóvenes y desempleo en el modelo capitalista

Por Geraldina Colotti, Resumen Latinoamericano, 27 de agosto de 2022.

Unas breves consideraciones sobre el último informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), referido al empleo de los jóvenes entre 15 y 24 años. Para ellos, la pérdida de empleo ha sido mucho mayor que la de los adultos, tanto que el número de jóvenes desempleados en todo el mundo alcanzará los 73 millones a finales de 2022. Ligeramente inferior a los 75 millones registrados en 2021, pero todavía superior de 6 millones a los de 2019, el período previo a la pandemia, que afectó fuertemente a los datos. En 2020 también se alcanzó el pico más alto de jóvenes no solo sin trabajo, sino también sin educación y formación, registrado desde hace más de 15 años (23,3%, un aumento de 1,5 puntos porcentuales respecto al año anterior).

Aquí también emerge la penalización de las muchachas en comparación con los varones. Para 2022, se estima que las jóvenes desempleadas representen el 27,4% de la población juvenil femenina en general, mientras que permanecerá sin trabajo el 40,3% de los  jóvenes varones del mundo.

En los países de América Latina, el índice de desempleo juvenil sigue siendo muy alto, y se prevé que alcance el 20,5% en 2022, y que siga incrementándose la brecha de género existente. El estudio brindó a la derecha venezolana la oportunidad de volver a proponer estadísticas catastróficas y parciales, provenientes del Fondo Monetario Internacional (que no tiene oficinas en Venezuela, pero afirma tener datos incuestionables), o de encuestas orientadas por la misma visión.

Según ellos, en 2021 el desempleo total habría sido del 58,3%, el más alto del mundo. Para el gobierno bolivariano, sin embargo, habría estado entre el 7 y el 8 %, y aún considerando los efectos devastadores de las medidas coercitivas unilaterales ilegales, agravadas por la pandemia.

 La guerra mediática busca contrarrestar la tendencia positiva de la economía venezolana, reconocida también por organismos internacionales: el PIB aumentó 17,04% en el primer trimestre de este año, el mayor crecimiento de la región, y el país salió de la hiperinflación. Pero se vuelve a proponer a toda costa la imagen de “socialismo fracasado”, que “empobrece”, mientra que el capitalismo también traería bienestar a los trabajadores.

Algo saben los trabajadores de los países capitalistas, cuyos magros salarios -en Italia los más bajos de Europa- se secan en origen por los impuestos que evaden los burgueses, y luego por el alto costo de la vida. Algo saben los jóvenes de los países capitalistas que no encuentran otro trabajo que el precario y mal pagado, o disfrazado de «formación» que no es más que explotación no remunerada.

Según los datos publicados por Eurostat, la tasa de riesgo de pobreza, es decir, el porcentaje de personas que tienen una renta inferior al 60 % de la renta media disponible, en Italia pasó del 20 % en 2020 al 20,1 % en 2021, involucrando al menos a 11,84 millones de personas. Pero el porcentaje sube al 25,2% (14,83 millones) si consideramos también a las personas en riesgo de exclusión social, es decir, aquellas que están en riesgo de pobreza o no pueden permitirse una serie de bienes materiales o actividades sociales o viven en familias de baja intensidad laboral.

En Alemania, la tasa de riesgo de pobreza de las personas mayores de 65 años es del 19,4 %, superior tanto a la cifra global (15,8 %) como a la de los niños menores de 6 años (16,8 %). La tasa de riesgo de pobreza es mayor para las mujeres (20,7%).

El informe OIT señala que, para 2030, podrían crearse 8,4 millones de nuevos empleos para jóvenes, tanto mujeres como hombres, mediante la aplicación de medidas políticas de índole verde o azul, es a decir al desarrollo de las economías verde, y relativa a la utilización de los recursos oceánicos de forma sostenible, y a la economía digital. La OIT pero recomienda que el desarrollo de estos sectores vaya acompañado de condiciones de trabajo dignas, de la que carecen los sistemas capitalistas.

Las ofertas de trabajo a jóvenes de las clases populares, cada vez más alejados de los procesos educativos, suelen estar por debajo de la decencia. En Venezuela, por el contrario, a pesar de todas las dificultades, casi 5 millones de trabajadores han obtenido el título de técnico superior universitario. El plan de formación y empleo para jóvenes de 15 a 35 años, Chamba Juvenil, activo desde 2017, y relacionado con el Institudo de formación (Inces), prevé una cuota de primer empleo equivalente al salario mínimo y un subsidio de formación, además de los otros beneficios previstos por tramos o categorías de ingresos.

El sistema que la derecha quisiera restaurar en Venezuela para el provecho de unos pocos, en cambio, debe hacer uso del desempleo, tanto en términos económicos como ideológicos, como un recurso necesario, producto de la acumulación capitalista: porque el sistema necesita una parte de la población en exceso con respecto a las necesidades de valorización del capital.

Como explicó Marx, aun en presencia de lo que hoy se llamaría “crecimiento económico”, que puede dar lugar a un aumento absoluto del capital variable, y a la contratación de trabajadores, ese aumento es siempre en proporción decreciente respecto al capital constante. Los trabajadores desempleados, y especialmente los jóvenes que no tienen recursos familiares, constituyen una reserva de mano de obra siempre disponible y chantageable por el capital, teniendo tanto la función de hacer siempre posible un aumento de la producción, en los momentos expansivos del ciclo económico, como la de mantener bajos los salarios, gracias a la competencia entre trabajadores ocupados y desocupados: las y los segundos, para poder trabajar, casi siempre están dispuestos a aceptar salarios más bajos.

Y así, dentro de la división global del trabajo, que hace uso de áreas con una explotación más intensa del trabajo vivo, y en la crisis sistémica del modelo, caracterizada por una crisis de sobreproducción, leemos con mucho menos énfasis que el exhibido por los medios hegemónicos la cifra del informe de la OIT, según la cual en América del Norte se pronostica un índice de desempleo juvenil de 8,3%, inferior al promedio mundial.

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