Gobernar a través de la pandemia

5 de mayo de 2020 . Por Florencio Pardo. Le Monde Diplomatique

La tradición de los oprimidos, nos enseña que la regla es “el estado de excepción” en el que vivimos.
Walter Benjamin

Hace casi un mes, específicamente con fecha 3 de abril del año en curso, enviaba una columna a Le Monde Diplomatique[2], en la cual la cifra oficial de muertos por el Covid-19, se empinaba cerca de los 30 y los contagiados, en unos 4000. Hoy (4 de mayo de 2020) la cifra oficial de muertos es de 270 y la suma total de contagiados alcanza los 20.643, es decir, los muertos aumentaron un 900% y los contagiados un 516% y por lo visto seguirá en ascenso.

Ya a diario, se va desarrollando un grotesco espectáculo televisivo de la pandemia, que consiste en responsabilizar al “otro” del ingreso al territorio del virus; del cuidado absolutamente individual de los cuerpos para prevenir el contagio; el morboso conteo diario del Gobierno, de nuevos contagiados y fallecidos; en la pornográfica sensibilidad de la opinión pública(da) por los muertos; y de la estigmatización y el castigo a los pobres de la ciudad, que infringen el encierro para seguir viviendo. Todo, ante y desde un Estado totalmente ausente en lo social y totalmente penal. Que privilegiando los negocios va dejando a los pobres morir, especialmente a los cuerpos ancianos improductivos.

Una crisis económico-social, puede ser real o provocada, pero lo cierto es que la gestión de una crisis, como puede aparejar miseria para las clases subalternas, a su vez puede importar grandes posibilidades de seguir rentando y mucho mejor para la élite dominante, si se realiza “una buena gestión de la misma”. Tal es el caso de la crisis global creada por la pandemia, que según reporta la BBC NEWS, la empresa Amazón del hombre más rico de la tierra, Jeff Bezo, en lo que va de la crisis sanitaria, acrecentó sus utilidades US$24.000 millones. En el ámbito local, mientras el Holding Cencosud, al igual que otras grandes empresas, se acoge a la Ley de Protección del empleo, suspendiendo el pago de remuneraciones a sus trabajadores, retira utilidades por 184 mil millones de pesos para sus socios.

La crisis también puede importar un buen escenario para la gobernanza de los súbditos, cual es el caso del presidente Piñera. Quien inmerso en una crisis política, por la cual venía en caída libre desde la revuelta popular de octubre de 2019, llegando a marcar solo un 6% de aprobación, viéndose forzado a pactar con la oposición, a modo de sostener el poder, un plebiscito para una nueva constitución en abril del presente año. Pero hoy, según una afamada, aunque no muy prestigiada encuesta pos pandemia, su aprobación se eleva al 25% y el plebiscito en curso se aplaza por acuerdo, para octubre del 2020. Por lo visto hasta ahora, la pandemia le fue muy útil para volver a gobernar, por lo que es de sospechar, que seguirá gobernando a través de la pandemia, gestionando la crisis sin ninguna urgencia de término. Posponiendo o quizás impidiendo la revuelta e intentando asegurar la conclusión de su mandato presidencial, de la mano con la fabricación de leyes contra los trabajadores y el derecho humano a la protesta social.

La gestión de la pandemia en cuanto a lo sanitario, ha sido ampliamente criticada por importantes sectores de la población chilena, por tardía, confusa, contradictoria y con un claro afán por privilegiar la producción, el comercio y el consumo, más que la salud pública. Pero de una u otra forma aceptada por la oposición política al momento de legislar, que en shock o en complicidad, ha ido aprobando las leyes que van precarizando la vida y aún más, el empleo. Si para calificar la actual política de salud del mandatario chileno, hubiese que emular a Foucault, se podría señalar que cuantos más contagiados existan, más muertos habrán, cuantos más muertos hayan, más miedo tendrá la población, y cuanto más miedo tenga la población, más aceptable y deseable se vuelve el sistema de control policial y la precarización social.

Prueba de lo anteriormente expuesto, es que en pleno ascenso de la curva del Covid-19, Piñera resuelve que los trabajadores del sector público, deben volver a realizar sus funciones presencialmente y faculta la apertura de los grandes centros comerciales, convocando a una “nueva normalidad”, que sin duda ha facilitado un mayor contagio. La nueva normalidad, propone a los cuerpos productivos y sujetos de crédito salir de la cuarentena para reactivar el empleo y la economía, pero a la vez, con el discurso del distanciamiento social, pretende eliminar por Decreto el derecho humano a la protesta social. Tal como se pudo apreciar el 1° de mayo en las principales ciudades de Chile. Por el cual se impidió todo tipo de manifestación de conmemoración y reivindicación de derechos sociales, resultando todos los concurrentes, incluso periodistas que cubrían las conmemoraciones, detenidos. Con una clara intención por parte de la policía de acallar a la disidencia y a la prensa. La que ya se acerca a un verdadero “totalitarismo moderno”, como lo calificaría G. Agamben[3].

Es así que la gestión neoliberal de la pandemia, ya no solo amenaza los derechos humanos, sino que los está lesionando. Por lo que ahora más que nunca, la defensa de los derechos humanos debe ser intensificada y debe ser uno de nuestros principales objetivos durante este periodo, para contener la oleada precarizadora, si queremos sobrevivir como sociedad.

Intensificación de la precarización de la vida durante la pandemia

La gobernanza a través de la pandemia, pretende una nueva normalidad (NN) del aumento de la desocupación; de la expansión del trabajo precario y en algunos casos sin salario; de la intensificación del control social sobre la población; y de la eliminación del derecho a la protesta social. Garantizando el término del mandato presidencial el 2022 e impidiendo una nueva revuelta social. Con un retorno seguro para el mercado, pero inseguro para los trabajadores. Una nuda vida, como diría Agamben. Una NN, que asegure el funcionamiento del aparato de producción capitalista. En el cual los trabajadores son un engranaje más, del que se puede prescindir si el negocio lo requiere. Bajo la pandemia neoliberal, la precarización social será la norma.

El profesor Z. Bauman introduce el concepto militar de “daño colateral” al campo del análisis social, el cual en el vocabulario de las fuerzas militares se utiliza para denotar los efectos no intencionales ni planeados de una acción armada[4]. Es así que el concepto del profesor polaco vuelve a adquirir importancia, por los efectos generados por la gobernanza de la pandemia, pues, como ya se verá hay efectos buscados, como la precarización del trabajo y el control más agudo sobre la población en general, pero hay otros no deseados pero aceptados, como los que deben sufrir los pobres de la ciudad, especialmente los cuerpos desnudos, los ancianos improductivos, quienes son los más serios candidatos al daño colateral de una gestión de la pandemia que ha privilegiado el mercado. Quizás una clara necropolítica.

Es sabido que bajo gobiernos con políticas neoliberales, a medida que aumenta la precarización laboral, necesariamente se intensifica la represión policial, a modo de contener la protesta social. Por lo que una serie de derechos humanos se ven lesionados, y resulta imperioso salir a la defensa de la prevalencia del derecho humano a la protesta social. El que ejercido de forma segura, debe primar sobre el decreto de Emergencia sanitaria. Sin el derecho a la protesta, que involucra además los derechos de reunión, de asociación, de expresión y de petición a la autoridad, al caerse los otros derechos humanos, se impide que puedan ser recuperados. Por lo que el derecho a la protesta social, como afirma Gargarella, debe ser considerado el primer derecho[5]. Es dable tener presente que el toque de queda, la restricción de circular, de reunirse y de asociarse, deben ser necesariamente breves, pues de mantenerse, amenazan con transformar al Estado, en uno de emergencia permanente, cuyo Estado de Excepción, es un espacio vacío de derecho, de no derecho, no un estado del derecho[6] y que amenaza con convertirse en la norma.

En ese orden de ideas, es dable resaltar la resolución del Tribunal Constitucional alemán al respecto, que sentencia en contra de la decisión del tribunal administrativo de Giessen y la Corte de Hesse, que defendieron la prohibición de la convocatoria de una serie de protestas previstas para el mes de abril. “Los tribunales asumieron erróneamente que la ordenanza del Estado de Hesse para combatir el coronavirus contiene una prohibición general de concentración de más de dos personas, que no pertenezcan al mismo hogar”. Considerando el Constitucional, que la prohibición “viola el derecho de reunión”, protegido por la Constitución alemana en el capítulo de los derechos fundamentales[7]. Es así, que según lo expresa el Tribunal Constitucional, los ciudadanos tienen derecho a manifestarse bajo la pandemia, siempre que cumplan las reglas de distancia física vigentes.

La vida en la polis, pos pandemia

Permítanme disentir respecto a las tesis de izquierdas más optimistas, sobre la vida en la Polis pos pandemia. Entre las que incluso se llega a avizorar el derrumbe del neoliberalismo. Es así, que la frase más común acuñada por estos días, es que “la pandemia lo cambió todo y ya nada volverá a ser como antes”. Hasta ahí, sea cual sea la tesis que la enarbola, está en lo cierto, puesto que todo constantemente está transformándose, lo que es hoy mañana no será, más aún cuando la sociedad es líquida[8]. Pero el problema surge cuando a raíz del Covid-19, se postula que las subjetividades elaboradas por el neoliberalismo serán distintas, en virtud de la comprobación empírica del fracaso de su modelo económico, que han recogido en carne propia, con los carentes servicios sanitarios, la oleada de despidos e intensificación de la precarización laboral, la necropolítica y la profundización de la crisis de los mercados.

Pero cabe hacer presente, que el neoliberalismo se caracteriza por ser una racionalidad más allá de lo meramente económico, también es cultural y también es una técnica dialéctica de disciplinamiento social. Por lo que atraviesa a toda la sociedad y nada queda al menos lejos del alcance de su gobernabilidad. Demostrando su capacidad de adaptación a diversos sistemas políticos, ya sea, horrendas dictaduras militares como respetadas democracias ilustradas. Así las cosas, desde su instauración o de su nacimiento en Chile, en el fracaso para las masas y el éxito para la élite, se fue fortaleciendo. Administrando el brazo penal para controlar el descontento social, que generó el desmantelamiento del sistema público de salud, de educación y de seguridad social. Cabe tener presente que el neoliberalismo es sumamente exitoso, ya que se forjó para acrecentar las ganancias de la clase dominante y en ello, sin duda ha triunfado, no obstante, los graves daños colaterales dejados a su paso, consolidando la catástrofe capitalista.

No será esta la derrota del neoliberalismo, pues en la crisis nació y se desarrolló y no bastará que exista más miseria, para poder contemplar su caída. La cual debe producirse por los mismos que lo padecen. Aquellas subjetividades ahogadas en el Individualismo ideológico impuesto por la burguesía global. Por lo que organizarse para hacerlo caer, es un deber de sobrevivencia de la especie humana.

 

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[1] ABOGADO. Doctorando en Derecho, Universidad de Buenos Aires. Magíster y diplomado en Derecho Penal, Universidad de Chile. Profesor Universidad ARCIS – Universidad Católica del Maule. Correo electrónico: florenciopardo@gmail.com

[2] https://www.lemondediplomatique.cl/reflexiones-bajo-la-crisis-de-la-pandemia-neoliberal-por-florencio-pardo.html

[3]AGAMBEN. Giorgio. Estado de excepción. Adriana Hidalgo editora, Buenos Aires, 2005, Pág. 25

[4] BAUMAN, Zygmunt. Daños colaterales. Desigualdades sociales en la era global. Fondo de Cultura Económica. Buenos Aires, 2011.

[5] GARGARELLA, Roberto. El derecho a la protesta. El primer derecho. Editorial Ad-Hoc, Buenos Aires, 2005.

[6] Ídem. Pág. 99.

[7] https://elpais.com/internacional/2020-04-16/el-constitucional-aleman-defiende-el-derecho-de-manifestacion-tambien-en-tiempos-de-pandemia.html?fbclid=IwAR0Bsg1rReeop3Qh6ey1vTUgy7I6I_L3hzxejpFRfr2qsHc12TE-uzgfttU

[8] BAUMAN, Zygmunt. Modernidad liquida. Fondo de Cultura Económica. Buenos Aires, 2015.

 

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