¿Dónde estábamos los días 15 y 16 de junio de 1987?

El día 15 de junio viajé toda la noche desde La Serena a Santiago. Fue un viaje rutinario, debía encontrarme con mi contacto de la logística nacional. Era martes, el frío de la capital calaba los huesos, el terminal norte estaba al costado de la Cárcel Pública, bullía de gente. En esta oportunidad tocaría hacer hora hasta mi contacto en la tarde. Ya eran más de dos meses que estaba designado como parte de la logística nacional y encargado de abastecimiento de la zona Norte. El descubrimiento por parte de los servicios de seguridad del régimen militar, de gran cantidad de armas de nuestras estructura, había creado problemas de seguridad de envergadura. Decenas de cuadros detenidos en el llamado “caso arsenales”. Toneladas de armas descubiertas y capturadas serían el saldo que arrojaba una de la acciones más audaces de nuestra organización. El segundo desembarco de armas, según los medios de comunicación, había caído en manos del enemigo. Todos los servicios de seguridad se trasladaron al norte de Chile, las policías se reforzaron, junto a los controles carreteros, aéreos y marítimos. La CNI se desplegó en masa, se designó a un fiscal militar especial, “Fernando Torres Silva”, quien contaba con poderes especiales por sobre las policías y aparatos de seguridad. Todo estaba bajo su supervisión. En ese escenario, fui asignado para restaurar la red de abastecimiento de explosivos y sus componentes. Era mi misión, conocía la zona desde los inicios del Frente. Era extraño estar de regreso en medio de circunstancias tan inusuales, cuando muchos dejaban la zona por los problemas de seguridad, yo iba en sentido contrario, desafiando los obstáculos, era una tierra caliente en términos de seguridad, ya quedábamos pocos desde los inicios del Frente, yo era uno de ellos. Cuando iba a la capital me sentía seguro, era mi medio aunque ya habían pasado más de tres años que había dejado Santiago. Ya no visitaba a mis familiares y camaradas, aún no era detectado por los organismos de seguridad, estaba “limpio” se podría decir; pero actuaba en la más estricta compartimentación. No pocas veces estuve a punto de caer en las garras del enemigo, con el asesinado transportista Mario Fernández en Ovalle, en el puerto de Valparaiso y en Viña del Mar en más de una ocasión. Ya se acercaba la hora de mi vinculo. Nos encontramos con Marco, mi jefe directo. Todo fue fugaz, después de las señales de normalidad y saludarnos, me dice sin preámbulos “nos están matando, han caído varios compañeros, debes regresar ya, por seguridad, creo que tengo seguimiento”. Así nos despedimos, acordando un nuevo contacto para cuando todo se calmara y saber con mayor detalle qué estaba pasando. Nunca imaginé en ese momento la magnitud de lo sucedido, aunque ya estaba curtido en caídas y problemas de seguridad, nunca te acostumbras, cada situación es nueva, cada baja y muerte te golpea de las más diversas formas. A veces ni siquiera tienes tiempo para darte cuenta las consecuencias. No se pueden llorar los muertos, los homenajes siempre son posteriores, lo primero son las medidas de seguridad para que no caigan más compañeros, para preservar la organización, para seguir luchando y golpeando al enemigo, para seguir agitando la lucha multiforme del pueblo. Tomar medidas de seguridad en medio del combate diario es el primer impulso automático, caer en la desesperación es el peor escenario, no está permitido, el deber es seguir adelante. Desde que me separé de Marco ese día 16 de junio, cuando ya terminaba la tarde en medio del frío de invierno, con la preocupación de tener más que graves problemas de seguridad, me tomé largas horas de contra chequeo para tener la certeza de que no estaba siendo seguido. Así me dirigí al Terminal de Buses para regresar al norte del país.

 

Luis Vega Ex-combatiente del FPMR

militante del MPMR en la actulidad

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