Del estallido a la revolución: organización de la Primera Línea.

Por Alex Ibarra. 1ro de diciembre de 2019.

La historia del siglo XIX recuerda el hito revolucionario organizado por la sociedad de la igualdad, pero comúnmente se le presenta desarticulada y precaria. La República Socialista, al parecer algo más organizada, duró apenas unos días. Quizá la revolución cultural de la UP, que podría decirse fue instalada sin ningún disparo y sin muertes, hasta el Golpe genocida. El resto de la historia republicana no muestra muchos más hechos revolucionarios, dado que otras manifestaciones fueron apagadas con matanzas.

Hace más de cuarenta días se instaló el concepto de “estallido social”, a partir de las masivas evasiones del cobro de la tarifa del metro y la brutal represión de las Fuerzas Especiales, lo que generó una agudización del conflicto con saqueos, barricadas y desobediencia civil. Sebastián Piñera y Andrés Chadwick, decretaron un Estado de excepción, en ese momento, con escaso apoyo del mundo político, de la ciudadanía y de los mismos militares. El Gobierno de Piñera tuvo que cambiar de piel y de orientación, sin superar la crisis social, pero ahora agudizando una crisis política.

La clase política en el Congreso aún no ha dado claras muestras de estar cambiando frente a las demandas ciudadanas. Se siguen haciendo pactos a puertas cerradas entre gallos y media noche. Organizadamente han tratado de seguir acomodándose en el poder seguramente con el afán de seguir enriqueciéndose. No se ha visto que promuevan grandes soluciones y tampoco han contribuido eficientemente a una solución política.

Lo que ha ido madurando, son las formas de la resistencia popular en las calles. La Plaza de la Dignidad (ex Plaza Italia) hoy es un centro de manifestaciones diarias, ya no sólo con reacciones esporádicas frente a la represión de las Fuerzas Especiales. Centenares de jóvenes conforman la “primera línea”, que con escudos hechizos, piedras y una que otra molotov, algunos a medio cuerpo desnudo se enfrentan a las fuerzas represoras del Estado. Esta “primera línea” ha ido aumentando en combatientes, en organización y en valentía. Por cierto también tienen su símbolo, el perro “matapacos”. Las formas simbólicas y las estéticas de la resistencia también van conformándose de una manera más reconocible.

Canciones emblemáticas como “el asesino eres tú” ya se están coreando en distintos lugares del mundo que muestran solidaridad con este proceso revolucionario chileno.

La “primera línea” además ha logrado superar la estigmatización de vandalismo, muchas personas quieren tener su selfie con estos jóvenes encapuchados a los cuales se les quiere criminalizar. Otras personas hacen otro tipo de muestras solidarias, cómo alimentarlos, hidratarlos, proporcionales las mezclas de agua y bicarbonato que alivian el ardor provocado por los gases lacrimógenos, los voluntarios de distintas organizaciones sociales que tienen puestos de primeros auxilios para los heridos.

Queda la sensación de que la “primera línea” tiene el apoyo del pueblo en las manifestaciones.

Estas formas organizadas de resistencia ya también aparecen en las protestas que se extienden por todo el país y en distintas poblaciones de Santiago, en estas últimas además con el acoso de las bandas de narcotraficantes que operan en impunidad.

El viernes 29 de noviembre, se esperaba un día violento, la convocatoria llamaba a manifestarse en nombre de Gustavo Gatica, estudiante que perdió el cien por ciento de su visión por las heridas de los balines lanzados por la policía. Cuando hizo su aparición un contingente armado de la PDI, sus integrantes fueron increpados verbalmente por los manifestantes hasta que por alguna orden sensata abandonaron el lugar de las protestas, evidentemente no están formados para estas operaciones, razón por la cual no deberían ser convocadas para ejercicios de orden público.

El estallido a madurado y encuentra formas revolucionarias de organización. Hay expresiones que son proféticas como “el neoliberalismo va a morir dónde nació: $hile”, algunos hechos ya lo evidencian: la Plaza de la Dignidad hoy es el lugar que ha sido tomado por el pueblo y que a pesar del aumento de la represión sigue siendo ocupado cada día por los manifestantes. El paseo Ahumada ha vuelto a ser un lugar de comercio “ilegal” en dónde apenas funcionan algunas tiendas. Los Malls, farmacias, supermercados y bancos han tenido que blindarse en latas y aumentar la seguridad, pero ante todo apenas se ven compradores y eso que estamos ad portas de la navidad, una de las fiestas íconos del consumismo neoliberal.

Las actividades culturales y cabildos en los barrios y poblaciones se siguen realizando, en todos ellos manifestándose la critica a Piñera, su Gobierno y a la clase política.

Alex Ibarra Peña
Dr Estudios Americanos

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