Castigar y vigilar: de la emergencia sanitaria a la plandemia. Por Alex Ibarra

21 de mayo de 2020

«El castigo ha pasado de un arte de las sensaciones insoportables a una economía de los derechos suspendidos».

Los planteamientos del filósofo francés Michel Foucault, aparecen en su esplendor en tiempos del aislamiento social forzado que impide la lucha social planetaria. La vigilancia y castigo son las principales estrategias de control social utilizadas por las instituciones del Estado serviles al poder económico.

La excusa de la crisis sanitaria ha dado paso a una plandemia que pudo detener la expresión callejera de las protestas, barricadas y saqueos que se iniciaron en octubre del año pasado desde la evasión del pago de transporte que encabezaron los estudiantes.

Este tiempo dio pausa a la desprestigiada clase política que en varios casos, sirvió para los nuevos zarpazos como lo dejaba claro el controvertido arriendo del Espacio Riesco. No sólo en Chile, por cierto, se cuecen habas. La estafa del sobrepago de ventiladores realizada por el «interino» Gobierno boliviano encabezado por Jeanine Añez, es parte de la corrupción de políticos acostumbrados a las apropiaciones ilegítimas; en este caso era evidente que la entrada triunfal con Biblia en mano, era una renovación del colonialismo del cual la población india se venía liberando.

En estos días la cotidiana escena sanitaria de los medios de comunicación, se vio interrumpida por nuevas demandas sociales de los sectores populares más desposeídos, el reclamo ya no era sólo por dignidad, sino que era por el hambre. Esto era una síntesis que cuestionaba el centro de las decisiones políticas que improvisadamente establecieron el confinamiento. Volvíamos al castigo y se organizaba la vigilancia.

El aislamiento social es una clara forma de vigilancia y el hambre es una clara forma del castigo. El Estado que estaba desafiado en las calles de Chile logró reestructurar el control con la emergencia sanitaria.

Esta agudización del control social ha quedado manifiesta en las persecuciones que han sufrido los artistas del colectivo Delight Lab que en los días que se conmemoraba el 18 de octubre, en encierro, iluminaron con la palabra HAMBRE uno de los edificios más emblemáticos de las Corporaciones Transnacionales en Santiago.

El costo de esta crisis nuevamente está siendo facturado a nombre de las clases sociales dominadas. La continuación de la dominación asume la vía del castigo y del vigilar. Los «herodianos» seguirán salvándonos de la enfermedad llenándose los bolsillos, entre medio de más muertos, así viven y engordan las rapiñas.

Alex Ibarra Peña.

Dr. Estudios Americanos.

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