«El legado de Salvador Allende» Por Miguel Silva

Por: Miguel Silva

Salvador Allende es uno de los pocos dirigentes chilenos que ha dejado sus huellas – para siempre – en nuestra conciencia.
Como Recabarren y Clotario, Allende fue hombre de sus tiempos. Tomó parte en el crecimiento del Partido Socialista, que nació luego de terminar la dictadura de Carlos Ibáñez del Campo bajo el impacto de la gran crisis económica de principios de la década del 30 del siglo XX. El Partido Comunista y su brazo sindical durante esos años, la FOCH, seguían la política sectaria del “tercer período” y como consecuencia no tomaron parte importante en la caída de Ibáñez, ni en la República Socialista de 1932. Fue el PS que creció en ese período.

Adonis Sepúlveda, militantesocialista desde los primeros años, observó que:

“El PS se creó en el período en que había una definición política frente al problema de la izquierda, frente a la derecha, frente al Gobierno. EL PS era encabezado en su formación por gente de la masonería fundamentalmente – Schnake, Eugenio González, Matte, Grove, todos eran masones. Ellos encabezaron el golpe militar que derrotó a Montero, que era uno de los Presidentes transitorios. Grove, que era Comandante de la Aviación, llegó al poder y acompañado por una serie de oficiales jóvenes formaron la República Socialista.

Luego fueron todos relegados, pero después, todas estas situaciones terminaron en la creación del PS. Ya se tenía la experiencia de la República de los 12 días del Gobierno socialista, lo que impulsó a la gente a buscar una salida revolucionaria, formándose el PS.

Los intelectuales volvieron a agruparse y muchos otros también. El PS se formó con una mezcolanza de ideas, de personalidades, de sujetos, qué sé yo, sin tener una definición muy clara de principios ni un programa permanente de política y fue durante mucho tiempo, un foro. Pero también había una estructura, unas personalidades, Grove, Schnake, esa gente que había participado activamente en los 12 días del Gobierno Socialista se convirtieron en líderes del movimiento.”

Es decir, Marmaduque Grove (alto oficial de la Fuerza Área) y Eugenio Matte (abogado, gran jefe de la masonería) eran dirigentes de la “República Socialista”. Tanto ellos, como dirigentes como Carlos Alberto Martínez, Oscar Schnake y Eugenio González, pasaron por aquella experiencia del ejercicio del poder estatal sin llegar a esa posición después de un proceso electoral. Aunque se compuso ese Gobierno después de largas negociaciones entre ellos y los militares más conservadores, no pasaron por el largo y difícil proceso de la construcción de un movimiento íntimamente ligado con las organizaciones de base del pueblo.

Eugenio Matte habló así de la República Socialista:

“… La sociedad se organiza con una obligación recíproca de defensa, en que al Estado le corresponde el ineludible deber de garantizar la vida y el bienestar de los débiles, resguardándoles sus intereses de la explotación organizada de las clases adineradas. Y esto, que con la simplicidad que rompe el convencionalismo revolucionario, es para nosotros la esencia de nuestra Revolución. La doctrina económica de nuestra Revolución es Alimentar al pueblo, Vestir al pueblo y Domiciliar al pueblo. Por lo demás, todo Gobierno corresponde a su época de transición, y el nuestro corresponde en todos sus aspectos a la época en que Lenin comenzó su “Nueva Política”, tendiente a crear la capitalización del Estado, único medio, según Marx, para llegar a la integral socialización del Estado”.

Pasaron cinco años entre la fundación del PS y el comienzo del gobierno de la alianza socialista-comunista-radical del Frente Popular. Durante esos, en 1934, la política oficial del PC cambió en 180 grados del sectarismo anterior, y propuso una alianza entre todos los sectores y clases contra el avance del fascismo y, en Chile… comenzó a fomentarse un “Frente Popular”.

El Frente Popular se construyó sobre la política de un estado que interviene en la vida del país y por ende confirma el Estado como pilar central de la economía, pero esta vez, a diferencia de la República Socialista, las elecciones son la forma de capturar el poder del Estado.

En el primer gobierno del Frente Popular bajo el presidente Pedro Aguirre Cerda, figuraron dirigentes socialistas tales como Allende en Salud, Oscar Schnake en Fomento y Obras Públicas y Rolando Merino en Tierras y Colonización.

El programa presidencial del Frente Popular contempló promesas como el Mantenimiento y defensa del régimen democrático, la supresión de las leyes represivas de carácter político, la planificación de la economía nacional para incrementar la producción minera, industrial y agrícola y legislación sobre las empresas imperialistas con el propósito fundamental de defender el patrimonio nacional y los intereses del Estado de los empleados y obreros.

La central sindical de esa época, la CTCH, logró consolidar sus estructuras y crecer bajo el impacto del Frente Popular. Es así como en 1941 llega a contar con cerca de 300.000 afiliados. No hay que olvidar que había 204.000 trabajadores sindicalizados en organizaciones “libres” en el año 1925, antes de la dictadura de Ibáñez.

Allende, como ministro de gobierno, aprendió de primera mano que el Estado podía controlar parte de la economía y distribuir la riqueza. Se creó CORFO que formó empresas, otorgaba créditos a otras y la economía crecía. Sin embargo, su partido, el PS, se dividió a raíz del alcance de los cambios que habría que hacer al país.

Orlando Millas recordó que:

“El PS se escindió dramáticamente y se constituyó el Partido Socialista de Trabajadores (que quería cambios más radicales que el Frente Popular), bajo el liderazgo de César Godoy Urrutia, Emilio Zapata y otros. Ante ese acontecimiento convocamos a una reunión del comité central de la Federación de la JS y de los secretarios regionales de la JS en que se decidió que pasábamos a actuar vinculados con el nuevo PST. El conjunto de militantes del PST estuvo compuesto por gente de gran calidad humana y ajena a cualquiera apetencia burocrática, enemigo del acomodo, con cierto romanticismo y una entrega y abnegación muy remarcada. Su gran mérito consistió en mostrarles un camino, rescatarlos y confirmar el compromiso de sus vidas con el movimiento popular. César Godoy jamás dispuso de un automóvil y se sentía en su ambiente en los tranvías o los autobuses. No tuvo nunca una cuenta bancaria. Vestía con pulcritud, sobriamente.”

Después de la muerte de Pedro Aguirre Cerda, el PS (reconstruido en una u otra forma), el PC y el Partido Radical tomaron parte en otros gobiernos del Frente Popular. El último fue de Gabriel González Videla, quien dejó el PC en la ilegalidad, y el PS, que ganaba casi el 17% de los votos en 1941, bajando a un promedio de más o menos 6% entre 1945 y 1957.

Fue durante la década del cincuenta de ese último gobierno del Frente Popular, que floreció una nueva central de los trabajadores… la CUT. Clotario Blest logró unificar el movimiento sindical sobre la base de la acción directa de base y un cierto sentimiento en contra los “políticos”, que se mostró también cuando el ex dictador y ya renovado populista Carlos Ibáñez fue elegido en 1952 con una promesa de “barrer” con la politiquería.

Clotario, sin o con querer, era vocero de una nueva forma de ver la política de los trabajadores. Escribió que:

“la CUT fue creada para destruir el régimen capitalista e implantar en su reemplazo un nuevo régimen de justicia social, en el que el trabajo sea el que gobierne bajo el imperio de una auténtica democracia, basada en la igualdad económica y las posibilidades para todos de alcanzar su máximo perfeccionamiento social y cultura.… el instrumento natural de la clase trabajadora para alcanzar esta finalidad dentro de la UNIDAD proletaria que todos los trabajadores exigen, es la CUT que, marginada de toda tuición sectaria, ha sabido mantener su libertad e independencia pese a la inmensa presión que se ha ejercido en sentido contrario.

La CUT trabaja con los partidos “populares” que de “metafísicos” deben transformarse en “prácticos”. Es decir, los partidos, como la misma CUT, deben representar la clase, el pueblo, y no a ellos mismos.”

Bueno, la CUT crecía mientras el PC era ilegal, el PS quedaba en pedazos e Ibáñez era Presidente populista. Allende tiene que haber sentido el impacto de la auto-destrucción del Frente Popular y la fuerza de la nueva política sindical propuesta por Clotario Blest.
¿Cómo reaccionó? Apoyó un segunda intento de lanzar la “Unidad Social”, en 1956 -el FRAP-, esta vez como alternativa a la derecha, a la política de Clotario y la fuerza que tomaba la nueva “Falange”, es decir la DC.
“….Su acción esencial (del FRAP) se dirigirá a consolidar un amplio movimiento que pueda servir de base social a un nuevo régimen político y económico, inspirado en el respeto a los derechos y aspiraciones de la clase trabajadora y dirigido a la emancipación del país, al desarrollo industrial y a la eliminación de las formas pre capitalistas de explotación agraria, al perfeccionamiento de las instituciones democráticas y a la planificación del sistema productivo con vistas al interés de la colectividad y a la satisfacción de las necesidades básicas de la población trabajadora.” Acta Constitutiva del FRAP

Al principio, el FRAP intentaba integrar los social-cristianos a su obra parlamentaria y, de hecho, apenas un mes antes de las elecciones presidenciales de 1958, logró derogar la “Ley Maldita” que ilegalizó el PC, gracias a la unidad política en el Congreso del FRAP y el PDC en el llamado “bloque de saneamiento democrático”, constituido contra la candidatura derechista de Jorge Alessandri.
Sin embargo, la DC creció con mucha fuerza y lanzó su propio candidato para las elecciones presidenciales. Jorge Alessandri, hijo del “León de Tarapacá” y Ministro de Hacienda en el Gobierno de González Videla, ganó con 390 mil para la derecha, Allende sacó 356 mil para el FRAP y Eduardo Frei Montalva, 255 mil votos para la DC.

No hay que olvidar que el FRAP ganó una votación alta mientras el PC todavía tenía solamente entre 7 y 10 mil militantes y el PS estaba recién pasando por un proceso de unificación. Todo indicaba, para el FRAP, que era posible “tomar el poder” a través de la vía parlamentaria y que ese era el camino político más efectivo. Podemos imaginar que Allende también pensaba, luego de los éxitos alcanzados por el “bloque de saneamiento democrático”, que era posible hacer una alianza de largo plazo con la DC luego de las elecciones.

Doce años después, y luego de las elecciones de 1964 cuando Frei Montalva ganó con su “Revolución en libertad”, tocó a Salvador Allende ganar la votación para la UP en 1970. Durante los seis años del gobierno de la DC, tomaron vuelo los movimientos sindicales en el campo y la ciudad, crecieron las tomas poblacionales y la DC se escindió bajo la presión social. En fin, en 1970, la votación de la derecho se dividió y la UP logró una mayoría, en condiciones en que mucha gente esperaba una vida mejor y quería luchar para lograrla.

Salvador Allende había vivido el crecimiento del PS en los años ’30, su maduración como partido parlamentario, el éxito de CORFO – y luego el fracaso del Frente Popular-, la obra parlamentaria mancomunada del FRAP y la DC, el crecimiento vertiginoso de la misma DC y el éxito en las elecciones presidenciales de 1970.
Su política para la UP nació de esa experiencia, sobre dos pilares centrales: que el Estado sirve para mejorar la forma de producción, y que la Unidad popular es necesaria para derrotar la derecha.
Sacó estas conclusiones de su propia experiencia: fue CORFO que creó los cimientos de la industria nacional luego del colapso del salitre; fueron las peleas internas que pusieron fin al Frente Popular y rompieron el PS; fue la obra parlamentaria compartida entre el FRAP y la DC que paró el carro del derechista Alessandri en 1958.

Salvador Allende y el Estado capitalista

El Estado bajo la UP iba a crear un sector social de la economía, una especie de «CORFO 2.0» y la nueva economía iba a cubrir las necesidades del pueblo.

“El establecimiento del área de propiedad social no significa crear un capitalismo de Estado, sino el verdadero comienzo de una estructura socialista. El área de propiedad social será dirigida conjuntamente por los trabajadores y los representantes del Estado, nexo de unión entre cada empresa y el conjunto de la economía nacional. No serán empresas burocráticas e ineficaces sino unidades altamente productivas que encabezarán el desarrollo del país y conferirán una nueva dimensión a las relaciones laborales.” Primer mensaje del Presidente Allende ante el Congreso pleno, 21/5/1971

¿Este proyecto político es reforma o es revolución…o es reforma y revolución?

Hemos conversado sobre la historia de la política parlamentaria y del uso del Estado como herramienta en esa política. Pero no hemos hablado sobre la revolución, porque los proyectos del Frente Popular y el FRAP eran proyectos de desarrollo nacional que ocupaban el Estado como herramienta de desarrollo. No querían destruir el capitalismo… mejor dicho, entendían que un país desarrollado no sería “capitalista” como antes porque se compartirían los beneficios del desarrollo.

¿Por qué hablar de “reforma y revolución, entonces?

Porque tres décadas de crecimiento económico desde los años ’30, establecieron una economía mucho más grande que antes y una intervención posterior del Estado en esa economía tendría que sacar las nuevas empresas, el poder, de las manos de los dueños de esa economía – ya fuesen chilenos o extranjeros. Es decir, el Frente Popular creó los cimientos de una economía nacional, pero el proyecto de la UP tuvo que enfrentar a los dueños de esa economía.

De hecho, el Área Social de la economía sacó el control – de las manos de gente rica y poderosa – de las grandes empresas de los sectores centrales del país.

Para nosotros, parece obvio que esa gente poderosa no iba a aceptar este “abuso de poder”, sino oponerse. Pero Allende pensaba que el Estado era una herramienta que podía usar para frenar y controlar la rebeldía de los ricos y de los que les apoyaban. Pero bajo una condición: que su propia gente no provocara a los rebeldes poderosos.

Así, el Gobierno, los Ministros, los dirigentes nacionales del PS y PC, transmitían que su gante de base tenía que acatar la disciplina y tener paciencia. El gran debate de la UP en Lo Curro en mayo de 1972 decidió apoyar esa política y “consolidar para avanzar”.
Sin embargo, el Paro de los camioneros, los abusos de los empresarios y el colapso de sus negocios de producción y distribución, abrieron las puertas – o mejor dicho hicieron necesarias – nuevas formas de organización social, el poder popular brotaba fuera de las manos del gobierno y la disciplina llegó a ser una herramienta aún más indispensable para Allende y el Gobierno.

El Gobierno tenía dos grandes herramientas en sus manos, entonces… el Estado – que podía abrir camino para formar un nuevo país – …y la disciplina de las bases, que servía para habilitar el uso de ese Estado. Pero sus bases necesitaban su propio “Poder Popular» para solucionar los problemas de la economía que colapsaba.

¿Cómo producir cuando los patrones no querían seguir con sus negocios?
¿Cómo mover los bienes cuando los camioneros y los supermercados no querían distribuir?
¿Cómo fijar los precios cuando había mucha inflación?

Bajo estas condiciones , exigir disciplina era lo mismo que dispararse en el pie, pero toda la experiencia, desde los años ‘1930 en adelante, dejó ciego a Salvador Allende a y su gobierno. No podían ver que hacían daño a sus propias bases y abrían la puerta al Estado que realmente existía…. al Estado capitalista de las FF.AA, los jueces y burócratas.
¡¡Tragedia que debemos evitar la próxima vez que tengamos la capacidad de crear un país nuevo en manos de nuestras propias organizaciones base!!

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