El Estado, sus trampas y cincuenta años de lucha

Eduen Tapias

Tres, han sido los triunfos significativos, que el pueblo de Chile ha experimentado en este último medio siglo. El primero, el valioso, ocurrió cuando hace cincuenta años el pueblo entró con Allende a la Moneda y que entregó al pueblo la esperanza concreta de obtener una vida mejor.

El segundo, el de “la alegría ya viene” y que nunca llegó, es el resultado de una larga lucha del pueblo, que hizo tambalear a la dictadura y toda la estructura del Estado. Y que puso a toda la clase dominante, a la oposición, a Pinochet y a los Estados Unidos a sentarse y discutir el engaño del acuerdo del plebiscito de 1988, para continuar y profundizar el sistema neoliberal y mantenernos treinta años dormidos.

El tercer triunfo es el de la Revuelta de Octubre, que con su lucha y con el pueblo en las calles puso de rodillas al estado y su sistema. La casta política sumergida en la mayor de sus crisis y teniendo menos del 5% de aprobación de la ciudadanía, respondió a la demanda de una Asamblea Constituyente con una vieja, pero nueva mentira, que es la del Plebiscito y el fraude de la Convención Constitucional. Este 25 de octubre ganó de forma contundente la opción del Apruebo.

Por sus formas y dinámica y a medio siglo de distancia, que hay desde el triunfo de Allende hasta la Revuelta, pasando por la mentira de “la alegría ya viene”, las realidades y el terreno en que el pueblo ha dado sus luchas confirman que siendo diferentes, son muy parecidas, y tienen como mínimo en común, la Constitución, los acuerdos, las urnas y los militares.

Las demandas del pueblo son en esencia las mismas:

En el caso del Gobierno Popular, Allende proclamó el día de la Nacionalización del Cobre como el Día de la Dignidad Nacional, está en contra del sistema capitalista y además su gobierno elaboró una propuesta de Nueva Constitución, que iba a ser sometida a referéndum en septiembre de 1973.

Para el caso del plebiscito de 1988 de “la alegría ya viene”, aparte de pedir el fin de la dictadura, las demandas principales del pueblo fueron la Dignidad y la de una Nueva Constitución.

La actual de la Revuelta de Octubre, demanda dignidad, para el pueblo, está en contra del sistema capitalista vale decir que en los días de la Revuelta, el pueblo rebautizó la Plaza Baquedano como Plaza Dignidad y la exigencia principal de la Revuelta de Octubre es la Asamblea Constituyente, para redactar una Nueva Constitución.

La Constitución, que con sus normas y reglas, más la maraña de leyes promulgadas por el Congreso, para beneficio de los capitalistas, hacen inútil cualquier intento a través de la vía electoral de mejorar de forma sustancial los niveles de vida de la ciudadanía. Los capitalistas al amparo de la constitución, dificulta, complica, miente, confunde y enreda con discusiones estériles las propuestas populares, demandadas en las calles y que ponen en discusión la cuestión del carácter del Estado. Este es el caso de la exigencia ciudadana de la Asamblea Constituyente, para redactar una Nueva Constitución.

Los burgueses a través de sus lacayos de la clase política con sus acuerdos y al amparo de la constitución, crearon las condiciones, para dar el golpe de estado de 1973, montaron la trampa del Apruebo y su Convención Constitucional, haciendo honor al otro plebiscito de “la alegría ya viene”, para desvirtuar y desmovilizar al pueblo, su lucha y la exigencia de la Asamblea Constituyente con el objetivo de que el pueblo de forma libre y soberana no redacte la Nueva Constitución.

El fraude es vox populi y quienes hicieron campaña y llamaron a legitimar el engaño en el Plebiscito, hoy de forma tardía hacen gestiones, para salir de la trampa en que se encuentran, ya que con su voto ratificaron el embuste.

Piden con urgencia la derogación de la Ley 21.200, que es la ley del amarre. El que pidan, es objetivo conseguido por la clase dominante; discutir por cualquier cosa, aunque parezca y sea relevante. Lo importante, para la casta política es que al momento de la discusión, ya la súplica o petición, se ha convertido en irrelevante e intrascendente, y esto se debe a que todo ocurre en su terreno, en su cancha, en sus tiempos y con sus árbitros.

La demanda de la Asamblea Constituyente, para redactar la Nueva Constitución no ha fracasado. Lo que fracasó es la ilusión del Apruebo y de la Convención Constitucional,  impuesta a la ciudadanía por la clase dominante, haciéndole creer que con un “lápiz a pasta” y una “rayita” van a poder cambiar la constitución. Nada más lejos de la realidad, todo ya está atado, oleado y sacramentado con reglas y leyes, que la clase política con mucho anticipo ya preparó. Además ya están resucitando momias, aparte de las que ya existen, que se candidatean a la Convención, para redactar la Constitución.

Cualquier intento de parte de las fuerzas progresistas y/o revolucionarias del país, tanto como, para redactar una Nueva Constitución u otros que estén dirigidos a realizar cambios en la sociedad, que beneficien a la ciudadanía, está rotundamente destinado al fracaso, si este se enmarca, solo y únicamente dentro de la institucionalidad burguesa.

Es necesario e imprescindible continuar con la tarea de las Asambleas Territoriales y Comunales, teniendo claro que son germen y creación del Poder Popular.

Salvo algunas excepciones, el pueblo siempre le ha discutido el asunto del poder a la burguesía dentro de la institucionalidad, su terreno y construido por ella misma, que maneja, y controla a su gusto y beneficio a través de la Constitución.

Es por esa razón que la burguesía cuando percibe, que el Estado y la Constitución están en peligro de ser cambiados, hace todo lo que esté a su alcance, se olvida de la democracia y utiliza la violencia, para aniquilar cualquier tentativa, que conlleve a los cambios que demanda el pueblo. Así lo ha demostrado a través de la historia, no titubea ni un segundo, para actuar. Y si considera necesario bombardear, lo hace.

El Estado burgués es el instrumento para mantener oprimidos, subyugados y dominados a los trabajadores, para que la burguesía continúe al mando del mismo. Su manual de acción y reglas es la Carta Magna o Constitución Política de la República.

Es por eso que la demanda más importante y primordial de la Revuelta del 18 de Octubre es la Asamblea Constituyente, para redactar una Nueva Constitución. Y está más viva que nunca.

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