Ankara, Argel, Teherán, las primeras etapas de la gira euroasiática del presidente venezolano Nicolás Maduro

Finaliza la primera etapa de la gira euroasiática del presidente venezolano, Nicolás Maduro. Un viaje que, estando el mandatario ausente del país por más de cinco días, según los artículos 235 y 187, numeral 17, de la constitución, requería la autorización del parlamento, que fue otorgada por unanimidad. La discreción sobre las etapas posteriores de la gira se justifica considerando los atentados que ha sufrido el presidente y las amenazas que se ciernen, comenzando por la vecina Colombia, en el contexto del conflicto en Ucrania. Y más aún en la hipótesis de una posterior visita de Maduro a Rusia.

En la solicitud enviada al parlamento, Maduro explicó los motivos del viaje: promover los intereses del país a favor del pueblo venezolano al más alto nivel, y con esto en mente, profundizar acuerdos de cooperación en diversas áreas, como la ciencia, la tecnología, la agricultura, el transporte, el turismo, la cultura y la energía. Áreas de relación ya ampliamente en curso en los tres primeros países visitados: Turquía, Argelia e Irán.

Con Ankara, Caracas ha firmado tres acuerdos agrícolas, financieros y turísticos. Con Argelia, importante productor de petróleo y gas natural, miembro de la OPEP y del Movimiento de Países No Alineados (Mnoal), se habló de cómo fortalecer la cooperación, y se anunció la creación de una aerolínea entre ambas naciones. En Irán, país con el que se mantienen relaciones consolidadas desde hace años, los respectivos jefes de Estado han firmado acuerdos «por veinte años de desarrollo de las relaciones entre ambas repúblicas» en los campos político, cultural, económico, petrolero, petroquímico y turístico. Con Irán, Venezuela ha firmado hasta el momento 250 acuerdos de cooperación.

El presidente iraní, Seyed Ebrahim Raisi, definió las relaciones entre ambos países como «estratégicas» y elogió la «resistencia a la agresión» de Venezuela. Luego, se refirió a la importancia de la cooperación tecnológica para aumentar la capacidad productiva. Irán tiene una larga experiencia, pues, a pesar de las medidas coercitivas unilaterales impuestas por Estados Unidos, ha creado la tecnología para hacer productivo hasta el 30% de las zonas desérticas.

La diversificación del modelo productivo y el camino hacia la soberanía alimentaria fue uno de los objetivos del viaje, ante los datos económicos que registran un fuerte aumento de las materias primas, los precios al consumidor y la inflación, así como la posibilidad de una hambruna en los países en desarrollo, debido a las «sanciones» de EE.UU. y la UE contra Rusia, el principal exportador internacional de trigo.

“Se acabó el ciclo de hegemonía de Estados Unidos en el mundo -dijo Maduro en una entrevista en la televisión iraní- ya se vislumbra el nuevo mundo”. Luego, agradeció a Irán por la solidaridad y valentía mostrada, en medio del cerco estadounidense a la economía venezolana, al repeler el ataque a los buques petroleros que habían venido a llevar combustible a Caracas.

Los tres países visitados hasta ahora son estratégicos para el conflicto en curso y para la posibilidad de configurar un mundo multicéntrico y multipolar capaz de contrarrestar la hegemonía norteamericana. Y es precisamente en esta perspectiva donde surge la importancia de la gira euroasiática protagonizada por el presidente de un país que contiene las primeras reservas del mundo de petróleo y de oro y una inmensa cantidad de otros recursos atractivos para un capitalismo en crisis estructural que está tratando de remodelar su poder a nivel mundial.

En Argelia, el sector de los hidrocarburos representa alrededor del 30 % del PIB, el 60 % de los ingresos fiscales y el 93 % de las exportaciones. Después de Rusia y Noruega, Argelia es el tercer proveedor de gas natural de la Unión Europea, también es el primer productor de gas natural de África y el sexto exportador del mundo. Y se estima que podría estar entre los primeros países del mundo en reservas de oro, uranio, diamantes, cobre.

Tras la política exterior esbozada por Chávez, Maduro -quien acompañó al comandante como canciller- continuó con una política antiimperialista basada en la diplomacia de paz con justicia social: una política de no injerencia, pero también de protagonismo activo en la desactivación de los conflictos. “El mundo entero debe despertar y reaccionar para proteger y apoyar las reivindicaciones históricas del pueblo saharaui”, dijo compartiendo con firmeza la decisión de Argelia de suspender un tratado de cooperación con España, activo desde 2002, por la reciente alianza de Madrid con Marruecos, en detrimento de las reivindicaciones del pueblo saharaui. Luego denunció los crímenes cotidianos cometidos en Palestina por el colonialismo israelí y saludó la posición compartida con Argel sobre la situación en Libia.

 “Venezuela -dijo Maduro en Turquía- además de grandes recursos materiales, tiene una doctrina y una moral que le permiten asumir un papel de vanguardia en el continente para la construcción de un mundo multicéntrico, un mundo de cooperación, diálogo, respeto entre diferentes civilizaciones, ideologías, religiones y culturas”. Un mundo en el que Ankara juega su juego, especialmente complejo en el contexto actual, dada su posición geopolítica, tanto en relación con Rusia y la Unión Europea, como con Estados Unidos, al ser Turquía miembro de la OTAN.

Anatolia es un cruce importante desde el punto de vista energético, tanto para el gas de Azerbaiyán con destino a Europa, en un momento en que los europeos quieren reducir la dependencia de los suministros rusos, como para los hidrocarburos de Asia Central e Irán. Aunque Washington intentó derrocar a Erdogan en 2016, y hoy trata de aprovechar la competencia entre Ankara y Moscú, tras el estallido del conflicto en Ucrania, Turquía es el mayor importador de gas natural licuado estadounidense desde el 24 de febrero de 2022. Ankara busca consolidar una equidistancia entre Estados Unidos y Rusia, aumentando su importancia estratégica y su prestigio militar, consciente de que se encuentra ante una oportunidad sin precedentes.

Con los ojos puestos en las elecciones presidenciales del 18 de junio de 2023, mientras intenta influir en la entrada de Finlandia en la OTAN, Erdogan sabe, sin embargo, que tiene un gran cuchillo en la garganta con su dependencia del dólar. Con la inflación al alza a nivel internacional, la de Turquía gira en torno al 70%, y el banco central debe agotar sus reservas de billetes verdes para evitar el hundimiento de la lira y su política monetaria basada en tipos de interés bajos. La relación con Venezuela, que ya está muy adelantada en la búsqueda de la soberanía monetaria a través de los movimientos de la criptomoneda y las relaciones con China y Rusia, puede ser una fortaleza.

Venezuela es el mayor socio de Turquía en América Latina y el Caribe. Las relaciones diplomáticas entre Turquía y Venezuela datan de 1957, pero fue en 2009 que se profundizaron con la implementación de la Comisión Mixta de Alto Nivel, que abrió el camino para una relación ganar-ganar, a través de convenios estratégicos en el sector energético, minero, petroquímico, agrícolo, turístico, tecnológico, industrial, educativo, alimentario, aeronáutico, cultural, de viviendas y de desarrollo internacional.

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